La Semana Santa más oculta |
02 de abril 2026 - 04:00
No se puede vivir en la eterna idealización de la Semana Santa de la infancia porque se corre el riesgo de exclusión. Pero se entiende que muchas personas se sientan cada vez más apartadas, no por la evolución propia de una fiesta viva, sino por el comportamiento de muchísima gente que está en la calle sin saber en qué consiste la fiesta y que, en el mejor los casos, sale a la búsqueda de efectos musicales, emociones y coreografías elevadas a la categoría de elementos principales. Más que nunca conviene repetir la célebre proclama de los viejos nazarenos: “Nos ven porque salimos, no salimos para que nos vean”. Todo está dicho en esa frase, absolutamente todo. Nadie niega la posibilidad de la emoción, pero no es la base. Nadie discute que un solo de corneta pueda encandilar, pero no es la razón de ser de la chicotá, ni el momento cumbre. Nadie puede rechazar que los costaleros le echen fervor a su labor, pero no se trata de un concurso, ni de una competición, ni de una exhibición de esfuerzo colectivo. Hace muchos años alguien preguntó si era necesario publicar la identidad de los vestidores de las vírgenes en el programa de mano del periódico. Se le explicó que era una información más, un detalle al igual que se hacía con el nombre de los capataces. Pero aquella pregunta estaba al fin advirtiendo de la supremacía que tendrían esos detalles con el paso de los años. En veinte años se ha disparado todo.
Al menos siempre quedará el sabor clásico de una jornada como la del Jueves Santo. Esperamos que queden quienes acudan a los santos oficios o conserven la tradición de visitar los Monumentos, algunos de ellos verdaderas obras de priostía de reconocido buen gusto. Las redes sociales, tantas veces convertidas en fosas sépticas, pueden hacer una buena labor para dar a conocer esa tradición de minorías. ¡Cuántos conventos desconocidos están abiertos hoy con espléndidos altares que no excluyen a nadie! El Jueves Santo es mucho más que las preciosas cofradías que hoy salen. Y es quizás la jornada más propicia para el reencuentro con una Semana Santa que se resiste a evoluciones no deseadas. El clasicismo tiene el efecto de un blindaje. El sello del Jueves mantiene la fuerza. Y ni el peso de la Madrugada ha provocado cambios. El Jueves tiene un mérito notable en una Semana Santa cambiante. La prueba es que conserva muchas tradiciones y usos desconocidos por el gran público, el que siempre busca el efecto, la vibración, el plumerío y la bulla. La Semana Santa más oculta se encuentra en el Jueves Santo.
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