Enloquecidos y con palmeros |
17 de abril 2026 - 04:01
El mundo está en manos de perfiles malvados y botarates. Sí, ha ocurrido y lo estamos pagando. Solo queda el Papa con autoridad moral. En el mejor de los casos contamos con primeros ministros bienintencionados, pero frágiles; abocados a la supervivencia o condenados porque el tiempo los ha alcanzado y sus modos de entender la política se ha visto superados. Desde la victoria de Trump con sus más de 80 millones de votos todo ha evolucionado a una velocidad de vértigo. Nos hemos acostumbrado muy pronto al salvajismo en las declaraciones, las amenazas de destrucción, el desprecio por la vida, los apagones de la luz, los fallos estrepitosos en los trenes... Y ahora hasta un diputado de Vox sube a la tribuna principal para encararse con el vicepresidente primero del Congreso en lugar de usar el conducto adecuado para expresar su protesta. Tampoco extraña mucho cuanto ocurre en una Cámara Baja donde las muestras de gamberrismo y de descortesía son la marca de una legislatura sin presupuesto. No sabemos si hará falta una regeneración o una reconstrucción. El presidente de la primera potencia del mundo habla como un influencer envalentonado que amenaza al restaurante que no le dispensa un trato de favor. Esta sociedad ha orillado la hoja de reclamaciones en favor de la justicia directamente administrada con el gatillo de las redes sociales. El gobernante y los gobernados reaccionan igual. La autoridad está en crisis porque ha sido sustituida por el despotismo, la chulería y la prepotencia con revestimiento institucional. De la política para adultos reclamada por Rajoy a la política de la chulería. No solo se reduce la separación de poderes, sino las diferencias entre un hincha de fútbol y un ministro como Puente. Al de Cultura no le gustan los toros y trata de liquidarlos de su ámbito institucional. Porque sí, sin complejos, por las bravas.
Los enloquecidos que controlan el mundo, los desahogados que gobiernan España y quienes los imitan en sus respectivos ámbitos cuentan con legiones de palmeros que los avalan y legitiman. Han creado escuela y tienen sus partidarios. La vida pública se ha degradado porque también lo ha hecho la vida parlamentaria donde no se guarda la cortesía. Los aparatos de los partidos expulsan a los perfiles serios, hacen pagar muy cara la libertad de quienes osan tener un criterio propio y emplean los organigramas de poder para colocar descaradamente a los suyos. Siempre hay palmeros dispuestos a tragar con los argumentarios más indigestos, siempre hay jaleadores para justificar las reacciones agresivas. Ocurre en la vida pública de los Estados Unidos, sucede en España. No olvidemos el incontestable 'no a la guerra' entonado al mismo tiempo que enviamos una fragata a la zona sensible, no olvidemos la reacción contra Israel mientras le comprábamos a sus empresas miles de armas para la Guardia Civil. Todo ocurre tan deprisa y en tan diferentes ámbitos que no nos acordamos de los tiempos recientes en que no sabíamos los nombres de los jueces, los debates parlamentarios eran aburridos y los Estados Unidos eran una garantía de estabilidad y convivencia para la vieja Europa.
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