Raíces de la tiranía

23 de marzo 2026 - 03:08

Hace más de un siglo, Freud descubrió que las causas que movilizaban ciertas conductas de los individuos estaban acumuladas y ocultas en unas raíces mentales que denominó el inconsciente. Y se necesitaban muchas horas de inmersión en mundo tan oscuro para desvelarlas. Otro médico investigador, Canguilhem, mostró que en la psique humana el tránsito entre lo normal y lo patológico apenas era perceptible. Se podía pasar de la cordura a la locura o de salud a enfermedad, sin que lo percibieran ni el sujeto ni los que le rodeaban. Las consecuencias de tales descubrimientos han tardado en ser aplicadas en los dominios de la moral y de la ética, y, sólo poco a poco, el sentido de la culpabilidad individual y su responsabilidad en la vida colectiva han sido revisados. Pero en el mundo de la política y de los gobiernos cuesta más introducir un nuevo criterio que vigile y sepa alertar cuando alguien con mando, pero sin justificación razonada, se salta incluso sus propias reglas para arremeter, sin miramientos y con fatal intención, contra supuestos adversarios. Aunque, ahora, al menos ya se sabe, gracias a Freud y Canguilhem que, cuando estos políticos se convierten en tiranos, también son ellos víctimas del perverso instinto destructivo que determina sus actos. En parte, esto ya lo contaron los trágicos griegos y Shakespeare también lo expuso en varias obras de manera muy lúcida. De todas formas, poco consuela, en estos momentos, a las muchas víctimas que mueren cada día en estas guerras presentes, saber que, esos tiranos, con tanta capacidad para matar y cuyos nombres están en la mente de todos, ambicionaron alcanzar este poder, como un medio para compensar antiguas frustraciones personales: un padre que no los quiso o un ego demasiado narcisista que, en alguna ocasión, no se sintió recompensado como deseaba. Y aunque conocer el origen primario de estas terribles desgracias no excusa ni justifica el daño causado a sus víctimas reales, de todos modos, leer a Freud sirve para comprender por qué perdura la tiranía y cómo nace la maldad instintiva que ciega a tantos déspotas. Con su teoría, cuando menos, buscó una trágica explicación: el tirano, pobre iluso, se siente empujado a matar como forma de acallar su angustia, ignorando que es otra la causa matriz de su frustración.

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