"El poder es una droga peligrosa que cada vez requiere más dosis y rechaza cualquier advertencia"
El día en que Trump amenazó con arrasar Irán en unas horas, terminando con una civilización que se remonta a Ciro el grande, vi bajar despendolados por la cuesta a un grupo de jovencitos en moto, sin cascos, haciendo eses, riendo y tocando la bocina, con la inconsciencia de quien no conoce peligro ni le importa el daño que pueda causar. Lo que venía a ser pensé, una buena metáfora de la conducta de Trump, para quien los adjetivos ya se han terminado, y que parece desbocado en su moto llevándonos a todos de copiloto. Antes de que accediera a la tregua, este jugador armado de superpoderes que goza subiendo la puja y arrinconando al adversario, hasta que le ve ceder -un recuerdo sin duda de sus mañas de negociante- logró alertar a sus propios fans, quienes empezaron a temer por su cordura viendo su bailes y mascaradas, sus insultos en la redes y sus bravuconadas. No solo los demócratas sino varios de sus apoyos del movimiento MAGA invocaron la enmienda 25 que permite poner en marcha un complejo mecanismo para destituir a un presidente que no rige. Pero liberarse de un loco en el poder es muy difícil.
El poder es una droga peligrosa que cada vez requiere más dosis y rechaza cualquier advertencia. El poderoso no ve lo que cualquiera advierte a simple vista. Defenderse de él, intentar limitarlo, es un reto constante, desde los emperadores romanos. Nada más importante que mantener instituciones independientes, contrapesos y procedimientos para poder frenar una deriva autoritaria, vigilar la megalomanía de quien se cree por encima de todo y le estorba la ley. En esto, nada hay nuevo bajo el sol y vale a derecha e izquierda. La prensa libre, los jueces independientes, los mandatos limitados, son grandes inventos y es un pecado de lesa democracia tratar de desactivarlos o quererlos controlar. Dicen que Ciro, rey de los persas, ya en el siglo V a.c. buscó la justicia, alentó a respetar las creencias de los demás y, según la misma Biblia, dejó que los deportados a Babilonia volvieran en paz a su casa, algo imposible de olvidar.
