Algo más que medidas ante la crisis energética: una apuesta por la energía local

En medio del ruido geopolítico y del impacto inmediato de la crisis energética, el Real Decreto-ley 7/2026 corre el riesgo de ser interpretado únicamente como lo que aparenta en una primera lectura: un paquete de medidas coyunturales con ajustes fiscales y mecanismos de alivio frente a la situación internacional. Sin embargo, esa interpretación se queda corta. Este texto ya está vigente desde su publicación el pasado 20 de Marzo, pero debe ratificarse por el Parlamento para continuar su vigencia. Si se analiza con detenimiento, el texto contiene algo más relevante y, a nuestro juicio, más transformador: una apuesta clara por un modelo energético más local, más distribuido y más participativo. En otras palabras, por devolver la energía al territorio. Y eso, en una comunidad como Navarra, no es una cuestión menor, sino una oportunidad estratégica. Uno de los cambios más significativos del RDL es el reconocimiento explícito del papel de los ayuntamientos en la transición energética, no como meros acompañantes, sino como actores con competencia propia. Desde una perspectiva técnica y regulatoria, esto supone un cambio estructural de gran calado. Introducir la energía en la Ley de Bases de Régimen Local no es un gesto simbólico, sino dotar de base jurídica a algo que hasta ahora dependía en gran medida de la voluntad política o de iniciativas puntuales. A partir de ahora, los municipios pueden -y deben- impulsar el autoconsumo, la eficiencia energética, la electrificación y las comunidades energéticas. 

La transición deja así de ser algo que sucede sobre el territorio para convertirse en algo que se construye desde él, con capacidad real de decisión. En paralelo, el autoconsumo deja definitivamente de ser una excepción para consolidarse como una pieza estructural del sistema energético. Quienes llevamos años trabajando en este ámbito sabemos que las limitaciones no han sido tecnológicas, sino regulatorias. El RDL 7/2026 corrige buena parte de esas fricciones mediante un conjunto coherente de medidas: la creación de la figura del gestor de autoconsumo, la obligación de las distribuidoras de responder con transparencia, la reserva de capacidad en nudos y la ampliación del radio hasta 5 kilómetros. Pero hay un elemento especialmente relevante desde el punto de vista técnico y territorial: la incorporación de la energía eólica al autoconsumo colectivo. Este cambio permite pensar en modelos de generación distribuida más eficientes, especialmente en entornos rurales, donde un aerogenerador de escala adecuada puede abastecer directamente a uno o varios municipios, generando además retorno económico local. Durante demasiado tiempo, las comunidades energéticas han sido más una expectativa normativa que una realidad operativa. El RDL introduce ahora los elementos necesarios para que dejen de ser un concepto teórico: reconocimiento institucional, desarrollo reglamentario en plazo. Pero el verdadero cambio de paradigma está en la apertura de las subastas de renovables a la participación ciudadana y local. Esto supone permitir que ciudadanos, pymes y entidades locales compitan en el sistema energético con sus propios modelos. 

Desde el punto de vista de la ingeniería de sistemas, estamos asistiendo a la transición de un modelo centralizado a uno distribuido, con implicaciones profundas en términos de resiliencia, eficiencia y democratización de la energía. El RDL aborda también uno de los principales retos de la transición energética en España: la aceptación territorial de las renovables. Lo hace mediante un enfoque que, lejos de imponer, incentiva. La creación de un estándar de excelencia social y territorial introduce ventajas reales para aquellos proyectos que integren adecuadamente el territorio, mientras que la obligación de retorno local en grandes instalaciones establece un principio de equidad que puede marcar un antes y un después. Se trata, en definitiva, de alinear intereses y de reconocer que la transición energética no es solo una cuestión de megavatios instalados, sino de legitimidad social. En este contexto, Navarra no parte de cero, sino que ya está recorriendo este camino con iniciativas concretas. La Comunidad Energética Toda Energía Navarra, impulsada desde la Cámara de Comercio, es un ejemplo claro de cómo articular un modelo en el que ayuntamientos, comercio, pymes y ciudadanía participan conjuntamente en la gestión de la energía. No estamos ante un planteamiento teórico, sino ante un vehículo real que está demostrando que es posible avanzar hacia un modelo energético más competitivo, más resiliente y más vinculado al territorio. 

Este tipo de iniciativas sitúan a Navarra en una posición de ventaja, no solo para adaptarse al cambio, sino para liderarlo. Es probable que el debate público se centre en el impacto fiscal del RDL 7/2026, y es lógico que así sea en un contexto de incertidumbre económica. Sin embargo, limitar el análisis a esa dimensión sería un error. Este texto, con todas sus limitaciones, introduce un cambio de enfoque claro: apuesta por la electrificación, por las energías renovables y por la seguridad energética, pero incorporando de forma decidida la dimensión local. Podría haber ignorado el autoconsumo, las comunidades energéticas o el papel de los municipios. No lo ha hecho. Y en esa decisión reside, probablemente, su mayor y nuestro mayor acierto. El siguiente gran paso será integrar mejor a los polígonos industriales y a sus PYMEs, en los incentivos de participación de las Comunidades Energéticas Industriales, y canalizar esta energía renovable en la creación de una arquitectura de computación local que cada día nos demandará más la inteligencia artificial, utilizando Centros de procesamiento del dato (CPD), más descentralizados, soberanos e interconectados. 

José Andrés Palacios. Doctor Ingeniero Industrial. Master en IA. Director General en Cámara Oficial de Industria, Comercio y Servicios de Navarra


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