Una igualdad pendiente |
Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, vuelve a evocar que la igualdad real, efectiva y garantizada continúa siendo aún un desafío pendiente de materialización en buena parte del mundo. En las sociedades democráticamente avanzadas como la nuestra porque los reconocibles progresos hacia la paridad en derechos y su aplicación sin discriminaciones se ve empañada por la consecuencia más dramática e irremediable del machismo -en los que va de año diez mujeres han sido asesinadas por sus parejas o ex parejas, entre ellas una joven vecina de Sarriguren- y por las brechas que perduran en el mercado laboral, en los cuidados o en el ascenso a cargos con poder. Y si este constituye todavía un reto mayúsculo en países que han progresado en la realización de la causa feminista, entendida siempre como la aspiración a la igualdad plena a favor de la convivencia sin exclusión de nadie, qué decir de aquellos otros lugares donde a las mujeres apenas se las permite respirar más que al servicio de los hombres. Porque conviene no olvidar que en las primeras de esas sociedades, las libres y desarrolladas, lo que acostumbra a resentirse en trances de regresión, son los derechos de quienes han tenido que pelear históricamente por su consecución. Y que en las segundas, bajo regímenes autoritarios o totalitarios, la represión puede limitar a ambos sexos, pero son las mujeres las que siempre pierden más.
Este 8-M proyectará, por tanto, las distintas realidades, los diferentes escollos, en la ambición compartida por la igualdad de millones de mujeres y de los hombres que las acompañan en su conquista cotidiana. Y la efeméride reflejará, asimismo, la polifonía del feminismo -desde hace años no bien avenido en España- y el desafío, en ocasiones con amenazantes sombras, que representan los nuevos fenómenos sociales: entre ellos, los usos tecnológicos que propician la cosificación de las mujeres, el ciberacoso o el acceso cada vez más temprano al porno que alienta una concepción agresiva y degradante de las relaciones entre ambos sexos. La incapacidad que está evidenciando nuestro Estado de derecho para evitar que medio centenar de conciudadanas sean asesinadas año tras año constituye la expresión extrema de hasta qué punto la igualdad pende del hilo de un compromiso individual y colectivo constante en el que resulta inasumible el negacionismo.