Conflicto inédito en la Cámara de Comptos

El choque interno en el seno de la Cámara de Comptos a costa del informe de fiscalización de las cuentas de Navarra de 2024 abre un panorama incierto en la Comunidad foral por lo inédito del conflicto. Un escenario tan preocupante como inusual por el contexto que esboza. Por primera vez, el presidente de la institución, el principal órgano fiscalizador de Navarra, corrige el análisis sobre las cuentas generales de esta tierra al considerar que el auditor incluía juicios personales, criterios contrarios a los de la Asesoría Jurídica de la institución e intromisiones en las competencias del Parlamento y del Gobierno foral. 

Al mismo tiempo, en el otro lado de la balanza, el autor del trabajo, de reconocido prestigio y ya auditor de estas mismas cuentas en pasados ejercicios, mantiene su criterio haciendo uso de la “cláusula de discrepancia”, una herramienta prevista en la ley pero que nunca hasta ahora se había puesto en práctica. 

Y en el medio, la ciudadanía, a la que se le debe una exhaustiva explicación de lo ocurrido donde corresponde: en el Parlamento. 

Porque lo que Ignacio Cabeza del Salvador, presidente de Comptos, pone paradójicamente bajo los focos al eliminar ciertos puntos del informe son cuestiones nucleares en la forma de proceder del Gobierno de Navarra. A saber: si Obras Públicas prescindió de la legalidad al modificar las obras de los túneles de Belate, lo que derivó en sobrecostes desde el principio; si se deben suprimir dos empresas públicas de nuevo cuño -Nafarbide y el Instituto Navarro de Inversiones- para evitar duplicidades y gastos innecesarios o sobre el uso y abuso de subvenciones nominativas que se está produciendo sin causa que lo justifique. Todo ello sobradamente argumentado en las conclusiones del auditor. 

Aquí parece haber más que simples discrepancias de calado habida cuenta de que estos son temas sobre los que ya pendía la sombra de la mala praxis por parte de la Administración. Y también evidencia que están aflorando profesionales que no dudan en ir más allá con sus atribuciones de lo que hasta ahora era costumbre en estas instituciones, como ya pasó con el secretario de la mesa de licitación de Belate. Pasada la sorpresa inicial, ahora ha de ser tiempo de la rendición de cuentas.


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