"La gente, que no es tan tonta como parece, ha identificado que los sucedáneos de carne no es que sean más caros o menos sabrosos, sino que representan un producto meramente ideológico" |
La Unión Europea ha prohibido que se denomine carne vegetal a los sucedáneos fabricados con plantas o en laboratorio. Por fin Europa decide algo y no parece que se haya bebido botella y media de pacharán de Las Endrinas. En la memoria de mi familia queda aquel anuncio del pacharán en el que aparecían imágenes del encierro y se decía: "Pacharán Las Endrinas. Con las endrinas bien puestas".
Hubo un tiempo, no hace mucho, en que los augures pronosticaban que la carne iba a ser sustituida por sucedáneos que consideraban éticos, en la medida en que sacrificar animales para nuestro consumo —no digamos ya para unas fiestas— equivalía poco menos que a un asesinato. Recuerdo cómo se lanzaron a pintar las hamburgueserías de color verde con campañas de un mundo ideal en el que las vacas no se tiraban pedos porque, directamente, no existían. Mi hija vino un día del colegio diciéndome que en el futuro comeríamos insectos y le respondí que los comería ella, que conmigo no contaran.
Un día fui a una de esas hamburgueserías norteamericanas y probé la hamburguesa hecha con plantas, haciendo, por supuesto, una excepción exploratoria, pues yo las verduras que como son las de Navarra, como es natural. Pensé que la hamburguesa iba a saber a rata y, la verdad, es que el sabor a rata estaba bastante conseguido.
Durante un tiempo pretendieron que comiéramos ajoarriero vegetal, hecho con seitán y cangrejos de río de tofu para merendar en los toros, pero ya se les va pasando. La gente, que no es tan tonta como parece, ha identificado que los sucedáneos de carne no es que sean más caros o menos sabrosos —que lo son—, sino que representan un producto meramente ideológico que pretende sustituir el mundo natural y rural por una distopía concebida por algunos pijos de la izquierda de la izquierda en un ático de Malasaña.
Detrás de una chistorra no hay solo una proporción determinada de grasas, proteínas y azúcares, sino una tradición, una historia, una cultura y un acervo de vidas que no estamos dispuestos a perder.