"Y con cierta culpabilidad retomas tu camino pensando en qué será de esas mujeres que has dejado sentadas en sus propios presentes. Maldito cáncer, qué miedo da"
Conocí a un profesor de autoescuela que tenía más sabiduría que media biblioteca pública. Compartimos horas de coche —muchas— y siempre te regalaba una píldora que iluminaba por dentro. Ángel se llamaba. Cruzaba los brazos sobre el pecho, te miraba fijamente desde el asiento del copiloto y soltaba: “González (era de los que llaman por el apellido), en este país nos equivocamos todos. Mucho. Mira por la ventanilla, tu no sabes si ese de ahí se ha sacado el carné a la primera, a la quinta o a la décima. Y ahí está. Conduciendo. Equivocarse es hasta bueno”. Tenía razón, claro. Y el tío era un fuera de serie. Incluso consiguió que un zote como yo aprobase pese a presentarse al examen en chanclas. Pero esa es otra historia. La cosa es que me he acordado de él al equivocarme de pasillo. Y sentir alivio, he de añadir.
Por razones de chapa y pintura tenía programada una prueba médica de esas que ponen a prueba los nervios internos, no tanto por el proceso técnico sino por el ramillete de posibilidades que siempre se abre en la mente de quien acude al médico. Aunque la dolencia, a priori, no sea seria. Así que te dirigen al sótano, al que bajas sumido en tus pensamientos. Sales del ascensor, giras al pasillo de la derecha y entras en la sala de espera. 'Oncología radioterápica', reza el cartel. Y allí, de repente, estás rodeado de dos chicas jóvenes, tan hermosas como resignadas bajo los pañuelos (uno gris, otro azul) que cubren sus cabezas. Y la tuya comienza a rumiar, por supuesto. Probabilidades, futuribles, escenarios, cálculos... hasta que una amable enfermera recoge tu volante y te devuelve a la vida con una frase: “Resonancias es en el pasillo siguiente”. Y sí. El alivio sustituye al sudor frío que ya perlaba la frente.
Y con cierta culpabilidad retomas tu camino pensando en qué será de esas mujeres que has dejado sentadas en sus propios presentes. En una sala que para ellas sí es la correcta. Saldrán adelante, seguro. Al fin y al cabo están en el mejor sitio posible. Pero maldito cáncer. Qué miedo da.
