El vértigo de la historia

Opinión | Escrito sin red

El vértigo de la historia

Benjamin Netanyahu y Donald Trump / OFICINA DEL PRIMER MINISTRO DE ISRAEL

Cuando el presidente Sánchez despedía a Máximo Huerta, ministro dimisionario a raíz de un problema personal con Hacienda, le preguntó, no por sus planes tras abandonar el Gobierno, sino por lo que él creía sobre cómo sería la forma en que su presidencia quedaría reflejada en la historia. Me imagino la perplejidad del dimisionario al constatar que, en vez de una muestra de consideración, solidaridad y empatía con quien pasaba tan amargo trance, le interrogaba sobre la trascendencia de su acceso al poder. Era algo así como que el ‘yo’ antes del obrar se interrogara por su obra antes de que ésta estuviera ni siquiera concebida. Era reivindicar un legado cuando no se habían escrito ni sus primeros renglones. Era la proclamación de que el acceso al poder era un significante que por sí mismo constituía un significado, un legado para la historia, la política entendida como usufructo del poder, nunca como servicio a la nación; y como tal había que celebrarla, no como el resultado de la obra de gobierno sino su conquista. En realidad, la pregunta era pura retórica. Si la formulaba, era como una concesión graciosa al interlocutor. Él ya se veía en la historia, jugueteaba con Huerta como si fuera un ratoncillo, espoleando su desconcierto, incitando un panegírico, revoloteando su cadáver político con saña de narciso insomne.

Sánchez ha polarizado y dividido España y ha erigido un muro entre la izquierda "progresista" y los independentistas, de las derechas. Así ha construido una política maniquea que ha hecho imposible la defensa de los intereses generales, organizando, alimentando, verbalizando y dirigiendo el resentimiento. Nunca ha contestado nada, nunca ha dado explicaciones de nada. Se ha identificado con las proclamas de la ideología woke, esa que, según J.L. Pardo, afirma: "Quien se atiene a la verdad biológica es un machista; quien se atiene a la verdad histórica es un racista; quien se atiene a la verdad jurídica es un fascista; quien lo hace a la verdad jurídica es un clasista". En todas las democracias liberales existe un consenso básico, el de que la política exterior trasciende los intereses de partido y debe responder a los intereses del Estado, que son los generales. La cuestión es que, si es imposible delimitarlos en la política interior, la consecuencia inmediata es que no van a existir en la exterior.

Ha llegado para él el momento de no retorno por su reacción al ataque de EEUU e Israel contra la República Islámica de Irán. El momento que le encumbrará en la historia y satisfará plenamente su ego, o el que le arrojará a su sumidero; el que le señalará como un visionario que se enfrenta al imperio, es decir a Trump, o el que le tachará como un aventurero ególatra al que importan una higa los intereses de su país. Ha dicho que "se puede estar contra un régimen odioso y, a la vez contra una intervención militar injustificada y peligrosa. Apelo a la desescalada inmediata, al respeto al derecho internacional y la urgencia de retornar al diálogo. Ahí estará España. Y ahí debe estar Europa". Es tanto como decir que el derecho internacional permite a un gobierno masacrar a sus ciudadanos como lo hace el gobierno de los ayatolás, que hace pocas semanas ha asesinado a decenas de miles de iraníes. Es muy de Sánchez despachar esta cuestión trascendental con el adjetivo "odioso", así cree eludir ser señalado por defender de facto al gobierno iraní. Pues sí, lo defiende, desplegando la misma hipocresía con la que hace una semana defendía el PSOE en el Congreso la no prohibición del burka y el hiyab, por considerar su uso como el ejercicio de libertad de la mujer islámica. Así lo explica una disidente iraní: "Pedro Sánchez se pone del lado de nuestros asesinos". La aplicación del derecho internacional está controlada por las potencias con capacidad de veto en el Consejo se Seguridad de la ONU. En este caso por Rusia y China, aliadas de Irán; dos dictaduras muy respetuosas con el derecho internacional y las dictaduras como Venezuela y Cuba. Sánchez ya ha recibido la felicitación de la embajada iraní. Quizá sea el ataque de Israel y EEUU a Irán la ocasión que esperaba Sánchez para reivindicarse y recuperar aliento demoscópico. Sánchez ya se erigió en la contrafigura de Trump con motivo del gasto militar. Y ahora acaba de negar el uso de las bases de Rota y Morón para los aviones de abastecimiento en vuelo de los cazas y bombarderos americanos. Sin duda, su declaración le sirve para mantener las filas prietas de sus aliados en el Gobierno y en el Parlamento y asegurar su presidencia hasta el final de la legislatura, pero genera dudas sobre las consecuencias para el país ante una situación de aislamiento internacional. Las democracias liberales de Alemania, Francia y Reino Unido han pasado, de no pronunciarse prudentemente sobre el ataque, a alinearse con EEUU tras el misil lanzado contra Chipre, un Estado de la UE.

Sánchez hizo una declaración institucional el miércoles sin preguntas de periodistas incómodos, en la que se presentó como un adalid de la "solidaridad con el pueblo atacado ilegalmente" (sic). El ataque se dirige contra el régimen despótico de los ayatolás, no contra el pueblo iraní sometido a su tiranía. Proclamó en un perverso ejercicio de hipocresía, "reprochamos al régimen de Irán que oprime y mata a sus ciudadanos y, a la vez reclamamos una solución diplomática y política". Por supuesto que cabe dudar de las verdaderas razones de Trump y Netanyahu para el ataque, sean la amenaza del programa nuclear iraní, la necesidad de reconfigurar la geopolítica de Oriente medio o dificultar el aprovisionamiento energético de China. Incluso es posible considerar, al analizar las consecuencias de las decisiones temerarias de Trump, de las que se derivan las igualmente temerarias de Sánchez, la apreciación de los renglones torcidos de Dios, la caída de los tiranos. En todo caso, del no alineamiento de España con las democracias liberales europeas (¿dónde está la UE?) y del enfrentamiento con Trump sólo pueden esperarse dificultades en el flanco sur de España, Canarias y Balears, donde Marruecos se presenta ante EEUU como su aliado más fiel, mucho más que España. Sánchez puede verse reforzado en el plano interior. Está por ver que su apuesta temeraria por su lugar en la historia, ese vértigo que consume su alma, no sea también el epílogo político de su desmesurado narcisismo, el fin de una época funesta.

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