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Árboles que sembraron otros

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10.05.2026

Opinión | Una ibicenca fuera de Ibiza

Árboles que sembraron otros

Foto de archivo. / Ingimage

Siendo niña, me levanté una mañana horrorizada y corrí hacia mi madre. Le conté que había soñado con un futuro en el que los cuerpos de personas muertas quedaban abandonados en la calle. Si alguien moría atropellado, por ejemplo, solo su familia, si llegaba a darse cuenta, lo recogía. Si no, ahí quedaba, como una paloma aplastada en el asfalto. No importaba a nadie más.

A saber por qué soñamos las cosas que soñamos, pero también por qué las olvidamos o recordamos. Y, entre todas, por qué, mientras somos incapaces de recordar qué soñamos anoche, vuelve a nosotros un sueño antiguo.

Quizá porque me aterraba ya entonces la indiferencia. Porque intuía que, si falla el cuidado —incluso hacia un muerto desconocido—, el mundo se derrumbaría.

Y tantísimos años después, con a saber qué —las noticias del televisor, por ejemplo— devolviéndome a aquel escalofrío, me ha dado por replantearme aquello que dicen de la generosidad: que es «dar sin esperar nada a cambio». Y de repente, me ha parecido que es más generoso construir lo que no vas a disfrutar tú, sino otros. Plantar un árbol cuya sombra cobijará a personas que todavía no han nacido, igual que nosotros nos sentamos bajo árboles que sembraron otros.

A veces, muchos árboles.

Jadav Payeng, un vendedor de leche del estado de Assam, en el noreste de India, encontró en 1979 en la isla de Majuli, a orillas del Brahmaputra, una gran cantidad de serpientes muertas por el calor. Decidió plantar unas plántulas de bambú en un banco de arena. No solo cuidó de que crecieran: no dejó de plantar.........

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