menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

La silla vacía

24 0
26.08.2026

A pesar de que Sánchez usa y abusa reiteradamente de la ideología para vender su gestión política, es justamente la mala gestión, y no la ideología, la que deja al rey desnudo

Pedro Sánchez preside una reunión telemática de coordinación sobre la situación en Ceuta tras la crisis migratoria. / pool Moncloa / EFE

Con el retorno de Pedro Sánchez de sus generosas (e inacabables) vacaciones, la convocatoria del Consejo de Ministros después de un largo (y problemático) mes sin reunirse, y el desfile de ministros en el Congreso para dar las necesarias (y ausentes) explicaciones sobre la crisis ceutí, se inicia el curso político probablemente más intenso y tensionado de la democracia. Y, sin duda, el más difícil de la carrera política de Sánchez.

Es cierto que el líder socialista es un purasangre de la política que ha hecho de la resiliencia un mérito inagotable, y que ha conseguido dar la imagen de que puede vencer todas las batallas, pero la realidad es pétrea y no le dará margen. Sánchez encara el final de la legislatura con tal nivel de descrédito que solo se salva por la ineficacia de sus opositores, totalmente desnudo de argumentos sostenibles. El verano ha sido una apisonadora de confianza y credibilidad, y resulta sorprendente que sea él mismo quien haya alimentado y trabajado en su propia caída. Es cierto que tiene muchos recursos retóricos y que es capaz de estirar el chicle de la llegada del fascio hasta límites sorprendentes, removiendo la cultura del miedo como cebo para arañar los votos a su izquierda. Pero parece inverosímil que esta vez le pueda........

© Diario de Mallorca