Defendamos la lengua |
Opinión
José Francisco Conrado de Villalonga
Defendamos la lengua / SHUTTERSTOCK
Despedir el año con la programación de las televisiones españolas puede ser un final fatal, sin embargo, empezar el nuevo año, el uno de enero, siguiendo el concierto que cada día primero de año nos ofrece la orquesta filarmónica de Viena —en el Musikverein— es un milagro estético que se siente y optimiza. En esta última ocasión la orquesta estuvo dirigida por el canadiense Yannik Nézet-Séguin y como siempre interpretaron obras de Johann Strauss y de sus tres hijos. Nézet-Séguin estuvo soberbio, su fuerza expresivo-gestual —algo kitsch— hizo prescindible la batuta para que los intérpretes tocaran al unísono y con nervio, el director puso pasión y espontaneidad. El concierto estuvo seguido por más de 50 millones de personas en 54 países. El poder estar ante este acontecimiento musical compensó de la insoportable vulgaridad de la programación televisiva de la noche anterior, ordinariez incluso verbal de los presentadores. O sea, salvo el concierto de Viena todo mal, muy mal, la ignorancia que........