La guerra de Trump y Netanyahu |
La guerra de Trump y Netanyahu
Las ansias expansionistas norteamericanas sumirán a India, China, Indonesia y resto del Asia del Sur en una crisis profunda. Países como España, Italia, Francia y Turquía han entendido que hay que parar a EEUU
La guerra de Trump y Netanyahu / Freepik
El ataque norteamericano-israelí a Irán se ha vendido por la propaganda de esos gobiernos con cinco versiones diferentes, ninguna de la cuales es cierta. La verdad se extrae de las múltiples declaraciones de Netanyahu desde 1986 negando la existencia del Estado Palestino y amenazando con atacar a cualquier régimen asiático que apoyase su reivindicación. Ansiaba este ataque desde hace 40 años, aunque siendo el único régimen militar a la altura de Israel, necesitaba el imprescindible poder militar americano. Antes atacó a Líbano, Siria, Iraq, Sudán, Somalia, Gaza y la Orilla Oeste. Le quedaba Irán, como escribí en esta columna en enero de 2025.
EEUU comparte este objetivo porque su verdadero propósito es dominar el mundo, bien con su poder económico (Europa), bien con su poder militar (Oeste de Asia). Y una democracia amiga y también en descomposición, como la israelí, sirve a sus propósitos. Trump está haciendo lo que ningún presidente americano se atrevió a hacer porque es quien es, y desde que le dieron un trozo del Nobel no necesita fingir. Quiere dominar América del Sur (después de Venezuela vendrá Cuba; Bolivia y Méjico fueron amenazados; se compró Argentina con 20.000 millones de dólares, en Chile gobierna el hijo de un nazi, etc) y el sur de Asia.
La calidad de vida de las iraníes le importa tanto como las víctimas de Epstein; los venezolanos represaliados por el tirano Maduro ahora lo son por los tiranos Delcy y Diosdado Cabello, pero a cambio del petróleo. Esto no va de democracia ni de armas de destrucción masiva; esa patraña ya nos la vendió el Trío de las Azores; en 2015 los expertos de la ONU descartaron cualquier posibilidad de que Irán tuviese una bomba atómica, que según EEUU tendrían en semanas, y diez años después nos siguen contando el mismo cuento.
Las ansias expansionistas norteamericanas sumirán a India, China, Indonesia y resto del Asia del Sur en una crisis profunda. También a Europa. Ningún ataque aéreo ha conseguido un cambio de régimen, afirma Robert Pape, experto en seguridad nacional, especializado en poder aéreo y terrorismo suicida. Necesitarían desembarcar más de cien mil soldados con unas pérdidas en vidas enormes, que no se puede permitir. Tampoco lo conseguirá armando a los kurdos, porque los iraníes tienen un millón de hombres armados; un treinta por ciento de la población apoya a los ayatolás; no hay fisuras entre los energúmenos de la Guardia Republicana y el país está rodeado de montañas.
Henry Kissinger dijo que «no ser amigo de EEUU era peligroso, pero serlo era letal», como están comprobando las monarquías árabes que se creían protegidas por los americanos. Los baratos drones iraníes destruyen sus campos de petróleo, refinerías, puertos, plantas desaladoras de agua -imprescindibles para la vida en ese hábitat-, hoteles de súper lujo y ahuyentan turistas.
El barril de petróleo ha pasado de 60 a más de 100 dólares en pocos días. Si la guerra se alarga el precio se disparará, dada la dependencia mundial de las exportaciones del Medio Este. Acontecería una drástica reducción de suministros, comercial, inestabilidad política, aumento de la inflación y una crisis económica similar a la de los 70. Cuando Rusia invadió Ucrania el coste de la energía repercutió aumentando en los hogares un treinta por ciento la factura de gas y electricidad. Pero esto es mucho más serio.
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Países como España, Italia, Francia y Turquía han entendido que hay que parar a EEUU, Reino Unido lo empieza a interiorizar a pesar de ser primos de los americanos, y en Asia y África ya lo han comprendido. Esto no va de americanos buenos-iraníes malos; se trata exclusivamente de intereses expansionistas israelíes y norteamericanos, sin ninguna diferencia con la invasión rusa de Ucrania. Subyacen los mismos motivos. Que seamos aliados de los americanos, en lo que a los americanos les conviene y en lo que a nosotros nos convenía, no significa que estén en el lado bueno de la historia. Deberíamos posicionarnos con los BRICS para exigir el cese inmediato de la guerra. Por la cuenta que nos trae.
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