El Director General y s’Esplet |
Fernando Fernández Such
El Director General y s’Esplet
Joan Simonet y Fernando Fernández, en una fotografía de archivo / CAIB
La política se ha convertido en un inmenso lodazal que cada semana se hace más denso. Todas las fuerzas políticas tienen su parte, mayor o menor, de responsabilidad. Probablemente, otras fuerzas sociales y políticas también estén contribuyendo a ello. El resultado es que es imposible que el ciudadano medio distinga nada en esta ciénaga.
La izquierda política tiene sus taritas históricas de las que espero algún día se desprenda. Una de ellas es su sectarismo. Un reconocido agrarista de izquierdas y de mucho peso a nivel europeo, y al que le consulté mi decisión de continuar o no en el gobierno actual, ya me lo advirtió: quienes no te lo perdonarán jamás serán los nuestros. Podría escribir un relato muy extenso de lo que está siendo esta legislatura, pero hoy me toca centrarme en s’Esplet.
La salida de la conselleria de s’Esplet estuvo encima de la mesa desde los inicios de la legislatura anterior. La participación de la administración agraria en estructuras económicas que ella misma promovía se correspondía con otro tiempo histórico y ninguna había acabado bien. De aquel entonces solo quedaba la participación en s’Esplet. Además, existían otras dos razones.
En primer lugar, había una decisión de orientar SEMILLA como instituto de investigación, para lo que se cambiaron sus estatutos y reglamento, se le traspasó el IRFAP, que era un servicio de la Dirección General de Agricultura, se le traspasaron los laboratorios del LIMIA y se reorganizó su estructura. Además, la decisión pasaba por ir soltando lastre y eliminando todas aquellas cosas que dispersaban al IRFAP de su nuevo objetivo fundamental, y la participación en s’Esplet era una de ellas. En segundo lugar, el sector de la patata iba a tener que afrontar cambios importantes en su modelo de producción para seguir siendo viable. La estructura interna de s’Esplet ya no se correspondía con su realidad productiva. De los 50 socios, el 80% ya no eran productores de patata, pero seguían estando en las asambleas sin asumir riesgo personal alguno. Había que acometer una reestructuración interna de s’Esplet para ajustar la nueva sociedad a la realidad de la producción.
Y llega la salida de la conselleria de s’Esplet y las implicaciones reales de mi cargo.
Primero. El 11,44% de las participaciones en s’Esplet las ostentaba el actual IRFAP, no la Dirección General.
Segundo. Yo no he asistido a ninguna Asamblea General Ordinaria o Extraordinaria de s’Esplet desde el año 2019. A ninguna. Fueron otros los miembros de la Conselleria quienes participaban y se puede comprobar en las actas quiénes fueron, igual que otros tantos que acuden a las reuniones.
Tercero. Las decisiones del IRFAP se adoptan en el Consejo de Administración del IRFAP y en este Consejo yo soy un vocal. No es como en el caso de FOGAIBA, donde yo soy vicepresidente y todas las resoluciones y revocaciones de subvenciones las debo firmar. En IRFAP no firmo nada.
Cuarto. En el Consejo de Administración del IRFAP se sentaban y se sientan la Abogacía de la Comunidad Autónoma, un representante de la conselleria de Hacienda y el jefe del servicio jurídico del IRFAP. Estas tres personas revisan a fondo toda la documentación y velan para que los acuerdos adoptados sean conformes a derecho.
Quinto. Los acuerdos y las actas del Consejo de Administración del IRFAP están firmados por la consellera de Agricultura, Pesca y Alimentación como presidenta y el secretario general de la Conselleria. Yo no he firmado ni firmo ningún acuerdo. Deberían leer el acta en la que se adoptó el acuerdo.
Sexto. IRFAP, como todos los entes instrumentales, cuenta con una gerente muy competente y responsable que actúa como tal y que lleva el mismo tiempo que yo en la Conselleria, es decir, desde el año 2019. La figura de la gerente es ejecutar los acuerdos del Consejo de Administración y, en este caso, concretar la forma en la que se debe realizar.
Séptimo. La Asamblea General de s’Esplet, por amplísima mayoría, aprobó el acuerdo de salida de la Conselleria.
Octavo. El acuerdo de venta de las acciones hubo que elevarlo a escritura pública y quien la firmó fue, sin duda, la presidenta del IRFAP.
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A partir de aquí, finalmente, hace un año, el 98% de los socios de s’Esplet decidieron liquidar la sociedad. Y resulta que, con toda esta realidad, Més per Mallorca pide mi dimisión como director general. Es cierto que mi papel en la Conselleria durante la legislatura anterior era relevante, pero de ahí a que me arroguen inteligencia y capacidad para manipular a la consellera, al secretario general, a la gerente del IRFAP, al jefe del servicio jurídico del IRFAP, al representante de la Abogacía de la Comunidad Autónoma, al representante de la conselleria de Hacienda y, además, influir en la decisión del 98% de los socios de s’Esplet, parece excesivo, y todo sin firmar un solo documento. Me parece que el Sr. Vicent Vidal, simplemente, lo que no puede soportar es que un «foraster» lleve dos legislaturas en una Conselleria que ellos pensaban que era suya.
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