Dilaciones indebidas |
Opinión | Pensamientos
Los pactos permiten agilizar las agendas de juzgados penales y tribunales. Vistas orales complejísimas y larguísimas se resuelven de esta manera en un par de días
Dilaciones indebidas / Shutterstock
Siempre me ha admirado la precisión del lenguaje jurídico, frente a algunas jergas políticas y periodísticas, más proclives al barroquismo, la ambigüedad y la manipulación. La Justicia llama al pan, pan y al vino, vino.
Existe un concepto lamentablemente muy de moda: dilaciones indebidas. Se aplica mucho en la jurisdicción penal y consiste, para los legos, en una rebaja de las penas por un mal funcionamiento de juzgados y tribunales que han tenido muerto al asunto durante años, sin culpa alguna de los imputados.
Es una disfunción crónica en la estructura judicial y que beneficia a los acusados. Esta enfermedad es el combustible que alimenta muchos de los pactos de conformidad, cada vez más frecuentes.
Fiscalía y acusaciones piden elevadas condenas en sus calificaciones provisionales. Llega, tras una espera infinita, la fecha del juicio oral. Los encausados tiemblan ante el futuro castigo; sus abogados negocian con los fiscales; arriban a un acuerdo: hay un reconocimiento de culpabilidad a cambio de una substanciosa rebaja de la pena. Aquí entra el comodín de las dilaciones indebidas: el sistema reconoce que no ha funcionado correctamente y trata de disculparse siendo generoso.
Los pactos permiten agilizar las saturadas agendas de juzgados penales y tribunales. Vistas orales complejísimas y larguísimas se resuelven de esta manera en un par de días.
Lo llamativo de estos protocolos es la tremenda desigualdad entre lo que se reclamaba antes del acuerdo y la sentencia final. Delitos que parecían gravísimos se substancian en penas que, con un poco de habilidad por parte de los defensores, no se traducen en ingresos en la cárcel.
El espectador ajeno al mundo de las togas se queda perplejo. A menudo, hay sumarios cerrados en conformidad con medidas muy suaves que generan grandes polémicas. Asesinos, homicidas, violadores, estafadores, grandes narcos, parecen irse de rositas.
Si las dilaciones se aplicaran en la medicina, la Sanidad Pública tendría que hacer dos operaciones por una a los miles de afectados por las listas de espera. Le hago una cirugía estética al tiempo que le arreglo rodilla al pobre joven con rotura de ligamentos, que lleva meses esperando ser operado en Son Espases. Le reduzco la convalecencia de tres meses a tres semanas por haber tenido que esperar tanto para pasar por quirófano. Parece un poco absurdo.
Los últimos datos hechos públicos por el Consejo General del Poder Judicial sobre la marcha de los juzgados y salas de Balears dibujan un triste panorama, algo, por otra parte, habitual, desde hace años.
La Justicia es un servicio público del que muchos ciudadanos desconfían, entre otras cosas por su escasa agilidad. También existen sospechas de falta de autonomía y de parcialidad, aunque eso no es objeto de esta reflexión.
En mi opinión, siempre lo digo, la inmensa mayoría de este Poder del Estado, imprescindible en una Democracia, es muy independiente, laboriosa y respetuosa con la ley. Creo firmemente en el Estado de Derecho, aunque haya garbanzos negros en algunos juzgados y tribunales.
Los baleares no confían mucho en este sistema, pero no dejan de presentar denuncias y demandas, lo que resulta paradójico. La máquina judicial en las islas se esmera por resolver el aluvión de casos y año tras año aumenta su capacidad de respuesta. No obstante, y como en la película Tiempos Modernos, del genial Charlot, el ritmo es tan trepidante que los operadores quedan desbordados. Ejemplo de esta anomalía es la Audiencia de Palma, que está señalando juicios para años vista.
Para más inri, las recientes reformas, como la Ley de Eficiencia, lejos de resolver los atascos los están agudizando.
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