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Desde el conuco | País autófago | Por: Toribio Azuaje

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“Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos”.

Desde adentro, en silencio, esa es la destrucción más aterradora, la que causa más estragos que las bombas o los terremotos. Hay países que aprenden a devorarse a si mismo, países que se auto consumen en su propio caldo de irracionalidad y ambiciones inmorales e inhumanas. Países que sucumben a la maldad voraz de seres aterradores que se aferran a sus propios demonios arrastrando a todo un pueblo a un abismo insalvable.

Estas son cosas que no ocurren de un día para otro, sino que van querellándose en el corazón de las sociedades que ceden ante un silencio de maldad que inunda cada rincón de patria adolorida. Todo comienza con una grieta invisible, dolorosa, que crece  en cada tictac que mueve las agujas del reloj de la historia. Así, la confianza se torna sospechosa y la solidaridad se transforma en recuerdos distantes. Poco a poco la sociedad comienza a desmoronarse y cada quien toma para si los bloques desprendidos del edificio que se desploma lentamente, sin percatarse que de este modo comienzan a debilitar la casa que otrora nos cobija a todos. Cada bloque se convierte en una........

© Diario de Los Andes