Apropiación de las élites extractivas del acuífero del valle de Jamuz |
Creado: 16.04.2026 | 06:00
Actualizado: 16.04.2026 | 06:00
Junta de Castilla y León
Hace unos años escribí en el Diario.es: «No es una noticia puntual, ni mucho menos baladí. Es un proceso que, de manera sistemática y silenciosa, con la ayuda de algunos ejecutivos, políticos y burócratas serviles, las élites extractivas de nuestro país se aprestan desde hace varios lustros a privatizar recursos tan vitales como el agua, y en particular algunos manantiales y fuentes de nuestras sierras y montañas». Precisamente, es allí donde están las fuentes de la vida (Fons vitae), en palabras de nuestros clásicos o de los sabios y maestros como los geógrafos A. von Humboldt y E. Reclus.
Entonces era el agua de Gredos, del singular valle del río Corneja, Valdecorneja, en la provincia de Ávila. Afortunadamente se detuvo el secuestro de nuestros recursos naturales. Hoy, incansable e insaciable, el mismo grupo económico ha puesto sus ojos y su maquinaria de presión administrativa en el humilde y hermoso valle del río Jamuz, provincia de León, cuyas aguas nacientes, y las del afluente, el Valtabuyo, parten de las faldas septentrionales de la cumbre sagrada del Teleno (2.188 m), lugar de referencia en el Noroeste ibérico, ambos en un pasado inmediato con buenas truchas y excelentes cangrejos autóctonos. Poco queda de aquella vida fluvial y rica diversidad ambiental y nada quedará a este paso. Las «aguas nutricias que bajan de las cumbres», en palabras de mi amigo y poeta Antonio Colinas, hace algún tiempo que han disminuido drásticamente, a medida que van desapareciendo las nieves y neveros del Teleno debido al cambio climático. Los pocos y envejecidos habitantes de este valle son testigos de estos hechos, aunque las reservas del acuífero milenario, confinadas como un tesoro en las entrañas de la artesa fluvial del río Jamuz, han despertado el apetito voraz del grupo Pascual. Cuando varias plataformas de vecinos y asociaciones se manifestaban en la defensa pública de las aguas subterráneas y subálveas del valle del Jamuz, todos recordamos cómo a mediados de agosto de 2025 los incendios asolaron estas tierras, dejando tras de sí unos escenarios de desolación y muerte. El fuego, procedente de la Carballeda zamorana, penetró muy rápido en el valle y con vientos cambiantes, arrasando con la vegetación arbustiva y forestal de las «chanas», de las cuestas y de los propios valles, llegando a calcinar algunas viviendas. Los desalojados de los pueblos (Quintanilla de Flórez, Palacios de Jamuz, Quintana y Congosto y Herreros de Jamuz) al polideportivo de La Bañeza, pronto pudieron volver a sus casas, gracias a la buena intervención de la UME y al trabajo de algunos jóvenes que se implicaron voluntariamente en la defensa de los pueblos y de los bienes comunes, ante la precariedad y descoordinación de los dispositivos de la Junta de Castilla y León; desgraciadamente, dos jóvenes generosos, Abel Ramos, de 35 años, y Jaime Aparicio, de 37 años, primos, fallecieron en este gigantesco incendio que devastó unas 37.000 hectáreas. Bien merecen el respeto a su honor, la gratitud y el recuerdo. Tras las elecciones autonómicas de Castilla y León el 15 de marzo de 2026, el Bocyl (26 de marzo de 2026) publica la autorización por parte de la Dirección General de Energía y Minas del aprovechamiento de agua mineral natural procedente del sondeo con la denominación «Jamuz» nº 81.151, en el término municipal de Quintana y Congosto (León). No se entiende que, careciendo de una valoración de verdadero impacto ambiental y de un estudio hidrogeológico profundo del acuífero y de su entorno, independientemente de los puntos de control cualitativo y cuantitativo de la calidad de las aguas, se autorice en su primera fase de explotación un volumen de envasado de ¡¡500.000!! m3/año, que se denominará «Bezoya Jamuz», en una clara e interesada alusión al río y a su entorno. La denominación geográfica local adquiere así para el mercado un gran valor simbólico como agua natural y de calidad. Bien cerca ya tenemos un ejemplo de extracción de aguas subterráneas, Teleno, en Palacios de la Valduerna, que se nutre de un tesoro milenario de la montaña sagrada, el agua confinada en sus entrañas minerales, un regalo sin duda de la naturaleza que llegó hasta aquí desde las cumbres nevadas del Teleno, igual que las del acuífero del Jamuz. Dudo que en las circunstancias que estamos viviendo, el grupo económico ponga por encima de sus intereses al propio entorno, a los habitantes del valle, al patrimonio común y al futuro del mundo rural, pues podrían haber propuesto una participación directa y compartida en el negocio del agua al Ayuntamiento de Quintana y Congosto y a las entidades locales menores y sus juntas vecinales, particularmente a la de Quintanilla de Flórez, donde se localiza el sondeo de la embotelladora; durante siglos, sus habitantes han sido los auténticos guardianes de los bienes comunes, ahora a punto de su expolio y privatización foránea, asumiendo, no el papel de guardianes, sino de dilapidadores de un recurso limitado y precioso como es el agua. Y no deja de ser paradójico escuchar a la empresa los términos de «bienestar, sostenibilidad y progreso»; pura retórica, una vez más, para los habitantes del valle. Más que nunca, nuestro país y la provincia de León, tan maltratada y devastada, necesitan la regeneración de un mundo rural vivo, capaz de la defensa del territorio y de los bienes comunes, frente a los nuevos depredadores disfrazados de «innovadores y de compromiso social y medioambiental». No sabemos qué hacen las instituciones y los gobiernos para proteger estos bienes y garantizar que las generaciones futuras puedan seguir disfrutando de ellos, pero hoy en día, estas multinacionales cierran el círculo de su negocio convenciendo al público de que el agua verdadera se encuentra en botellas de plástico. Por cierto, nunca he bebido agua más fresca que la de un pozo artesiano de Quintanilla de Flórez o la contenida en un botijo de Jiménez de Jamuz