«No a la guerra»

Creado: 11.04.2026 | 06:00

Actualizado: 11.04.2026 | 06:00

Segunda Guerra Mundial

Yo también estoy en contra de la guerra en Gaza, Irán, Ucrania, Sudán y en otros muchos países repartidos por el mundo, como lo está el 90% de la población. Por esto, puedo decir alto y claro: no a la guerra. Pero no como seguidismo de un eslogan político, sino por mi condición de ciudadano de paz y de creyente. Si repasamos las enseñanzas y comentarios de los últimos papas sobre la guerra, especialmente desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad, encontramos un rotundo no a la guerra. Existe una notable coherencia en este ámbito de la enseñanza papal, al afirmar que la guerra no es la voluntad de Dios y que siempre es un signo del fracaso humano.

Desde Juan XXIII a León XIV, todos los papas, ante la devastación que pueden causar las armas modernas, han señalado que la guerra siempre debe ser el último recurso. Sin embargo, al observar el estallido de guerras en las últimas décadas, cabe preguntarse si los católicos estamos prestando atención a los pontífices en un tema tan grave y de tanta actualidad. Podemos comenzar un breve repaso de la enseñanza papal con Juan XXIII. En un momento en que el mundo estaba inmerso en una carrera armamentística cada vez mayor y en la acumulación de armas nucleares, el Papa Juan XXIII publicó su encíclica «Pacem in Terris» (1963), en la que hacía un llamamiento al desarme de dichas armas, citando a su predecesor, el Papa Pío XII: «Nada se pierde con la paz; todo se puede perder con la guerra». En 1965, el Papa Pablo VI, en un discurso ante las Naciones Unidas, suplicó enérgicamente: «¡Nunca más la guerra, nunca más la guerra! ¡Es la paz la que debe guiar el destino de las naciones de toda la humanidad!». Poco después, el Concilio Vaticano II promulgó la Constitución Pastoral «Gaudium et Spes», que dice: «La paz no es simplemente la ausencia de guerra. Tampoco puede reducirse únicamente al mantenimiento de un equilibrio de poder entre enemigos. Ni se logra mediante la dictadura. Más bien, se la llama, con razón y acierto, «una empresa de justicia». Pablo VI retomaría esta enseñanza en numerosas ocasiones, y en su discurso de 1972 con motivo del Día Mundial de la Paz, acuñó una frase que hoy sigue guiando a muchos católicos: «Si queréis la paz, trabajad por la justicia»». Más tarde, en el primer aniversario de su discurso ante las Naciones Unidas, pidió a todos, y de forma especial a los católicos, que se unieran a él en oración por el fin del conflicto de Vietnam, haciendo una llamada al alto el fuego y a las negociaciones. Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco continuaron esta tradición de enseñanza papal sobre la guerra. En cientos de ocasiones, en discursos, audiencias, homilías o en el rezo semanal del Ángelus, estos papas nos exhortaron a poner fin a la guerra y a los conflictos violentos dondequiera que se produjeran en el mundo. Cuando los terroristas atacaron Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, Juan Pablo II condenó de inmediato los ataques y expresó su profundo pesar por la pérdida de vidas humanas. Pero a medida que la respuesta estadounidense a estos ataques provocó graves crisis humanitarias en Afganistán y Pakistán, el Papa pidió el fin de las tácticas destructivas empleadas. En 2003, en su discurso ante el cuerpo diplomático, Juan Pablo II declaró enérgicamente: «¡No a la guerra! La guerra no siempre es inevitable. Siempre es una derrota para la humanidad. El derecho internacional, el diálogo honesto, la solidaridad entre los Estados, el noble ejercicio de la diplomacia: estos son métodos dignos de los individuos y las naciones para resolver sus diferencias». En los últimos años, las intervenciones del Papa Francisco, en respuesta a la invasión rusa de Ucrania y de Israel en Gaza, evidencian su postura ante la guerra. Cuando los terroristas de Hamás invadieron Israel, masacraron a 1.200 civiles y tomaron a 240 como rehenes en 2023, el Papa Francisco expresó su horror y tristeza por lo sucedido y reconoció el derecho de una nación a la autodefensa. Pero luego recordó que, incluso entonces, la guerra siempre es una tragedia: «Que se entienda que el terrorismo y la guerra no conducen a ninguna solución, sino solo a la muerte y al sufrimiento de muchas personas inocentes. Toda guerra es una derrota». Últimamente, también el papa León XIV se ha pronunciado con firmeza sobre la destrucción causada por los bombardeos aéreos en Irán y Líbano, implorando que cese la guerra y se abra el diálogo para la paz: «No podemos permanecer en silencio ante el sufrimiento de tantas personas indefensas que son víctimas de estos conflictos. Lo que les afecta a ellos afecta a toda la humanidad. La muerte y el dolor causados ??por estas guerras son un escándalo para toda la familia humana y un clamor que se eleva a Dios» (Discurso del Ángelus, 22 de marzo de 2026 ). Cuando los papas han pronunciado esas palabras proféticas de «nunca más la guerra», no solo quienes ostentan el poder las ignoran, sino que la gran mayoría de los católicos también parecen ajenos a ellas. Me pregunto si entre los católicos se considera la enseñanza papal como un sentimiento piadoso en lugar de una expresión auténtica del Evangelio para el mundo actual. Los papas han cumplido su misión de manera profética. Ahora es el momento de que los fieles cumplamos nuestra propia misión, que comienza simplemente escuchando la enseñanza constante de la Iglesia y permitiendo que ese mensaje, firmemente arraigado en el Evangelio de Jesús, nos forme como mejores discípulos. Ojalá los católicos, junto con las personas de buena voluntad de todo el mundo, escuchemos con mayor atención las palabras de los papas en favor de la paz y hagamos nuestro el deseo de «no a la guerra».


© Diario de León