Y Dios huyó

Creado: 15.04.2026 | 06:00

Actualizado: 15.04.2026 | 06:00

Explíquese usted mejor, me sugiere un lector atónito y algo irritado tras una columna que concluí con «porque Dios huyó de este perro mundo el mismo día en que el hombre dijo haberle descubierto»... y le insisto a que así debió ser, que no le gustó nada verse desvelado, siendo él «la Nada», como mejor le definió el dominico Eckart. Si él creó al hombre a su imagen y semejanza, ¿qué pensar al ver al hombre que ahora le creaba a él a imagen y semejanza humana?, y lo hizo terrenal, sujeto de pasiones humanas a menudo terribles. Y vio que cada hombre, cada cultura, tiempo o pueblo creaba su propio dios diciendo además que era el único verdadero y negando a los demás para guerrearles con saña insólita y santa, dioses enemigos, dioses egipcios, sumerios, indochinos, romanos, judíos, escandinavos, griegos, musulmanes, aztecas, africanos, celtas... cada cual con su espada, su santa ira y sus infiernos crueles o glorias delirantes... y sus castas sacerdotales que les redibujaban a su antojo o conveniencia para mantenerse como vicarios del poder divino y que todos se les sometieran. Claro está que Dios sintió una profunda vergüenza al verse tan malamente descubierto, tan humillado y empequeñecido, revestido de tanta naturaleza humana, lo mismo que recamado en oros de adoradores de becerros o en sangre de mártires premiada con el Valhalla, con el Paraíso o con cien huríes en el Jannah de Alá... disfrazado con teologías del poder sobre todos y con salves y credos de muerte. ¡Cómo no huir de este circo tan obsceno y embroncado!... aquí sobraba, nada que hacer en la Tierra donde ya nadie le reconocería ni renunciaría a su dios hecho pintura o imagen de palo. No sé si Dios, al huir, le diría a su amada creatura aquello de ¡pues ahí te pudras!, pero bien le cabría y todo el derecho le asistía, pues al pudridero fuimos yendo al ver que la bondad de la Creación se esfumó, que pudrimos el planeta, que el hombre se pudrió en su codicia y odio y que se pudre el vivir, mientras Benedicto XVI, visitando Auschwitz, también se preguntó «¿dónde estaba Dios esos días?»... ¿esos días?... todos, Su Santidad, todos los días.


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