Maldito sueño
Creado: 26.03.2026 | 06:00
Actualizado: 26.03.2026 | 06:00
Estación de Matallana
Llegas a la mitad de esa avenida y a su derecha se abre una amplia plaza sombreada con plataneras y un cedro y, al lado, una rinconada con caño de piedra sillar de agua artesiana donde apetece un trago a morro antes de enfilar a la estación de ferrocarril con su puerta abierta sobre una breve escalinata gemela de pretil robusto. El edificio, que cumplió este año un siglo, mantiene todas su señas exteriores y su prestancia interior original de viejas taquillas y mobiliario en un hall que se ve a menudo agitado al ser estación de partida y término de trenes diarios a los que se añade cada semana uno muy especial con destino a Valmaseda y Ferrol en travesía de gran lujo turístico con coches-cama y vagones históricos. La llaman estación de Matallana o del Hullero y todo su viejo dibujo y dominio se conserva intacto en muelles de carga, cobertizos de mercancías, amplios talleres con dos viejas locomotoras de vapor, más otra que permanece en su plataforma giratoria aún en funcionamiento siendo la joya fotográfica de turistas y viajeros, así como el viejo urinario de andén, mantenido a título de inventario para no desfigurar en nada este espacio ferroviario declarado «bien cultural de arqueología industrial» y al que National Geographic califica como la estación más coqueta de la red española de vía estrecha. Ante el éxito turístico y viajero de sus trenes, en 2027 está prevista la recuperación del viejo «tren botijo» en fines de semana con complementos festivos y culturales. Mención especial merece la cantina-churrería en su extremo que, con su terraza bajo arboleda, está también abierta a los no usuarios entretenidos de paso en el trajín de andén. De aquí parten tres servicios ferroviarios cada día, completando uno su línea hasta Bilbao, y hay otro más exclusivo de mercancías. Y justo cuando daban la salida a uno de estos últimos, desperté del sueño, abrí los ojos y vi esa estación irreconocible, desguazada, sin tren alguno, ni siquiera una antigua locomotora como seña, con dos viales de tráfico que violan todo su espacio, más un gran solar edificable. Y en todo el paraje, un silencio mortal. ¿En qué fatal amanecer la fusilaron?, pregunté al Sursum Corda.
