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1965 a 1969, cinco años que transformaron la sanidad en la ciudad de León

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15.04.2026

Creado: 15.04.2026 | 06:00

Actualizado: 15.04.2026 | 06:00

Hospital Santa Isabel

Hospital Monte San Isidro

Al elaborar mi tesis doctoral, finalizada hace un par de años, pude constatar la importancia que tuvo para la sanidad de la provincia leonesa y, más concretamente para su capital, el corto periodo de tiempo comprendido entre 1965 y 1969. La España franquista de los años sesenta buscaba salir del aislamiento e integrarse en la Comunidad Económica Europea. Para ello hubo de abrir las puertas a los usos que había más allá de sus fronteras, lo que supuso una metamorfosis en todos los ámbitos.

En 1959 el régimen de Franco, inducido por los llamados tecnócratas, publicó un Plan de Estabilización que supuso un punto de inflexión para la economía española. La política comercial pasó de la autarquía a un mayor grado de permisividad en las importaciones y exportaciones, la política monetaria dio un vuelco e inició el camino de la incorporación al espacio económico europeo, se puso fin a los controles de precios y se alteró el marco normativo para brindar más garantías a la inversión, el gasto público fue congelado y gran parte del aparato empresarial del Estado empezó a pasar a manos privadas. La novedad más significativa fue la total renovación de las clases medias y la incorporación a las mismas de los profesionales de las nuevas generaciones. En cuanto a las clases populares, los cambios fueron sustanciales; se incrementó el nivel de jornales y sueldos, que se complementaban con el trabajo temporal en el extranjero, lo que suponía mayor disponibilidad económica y les daba entrada en la sociedad de consumo. Las ciudades fueron perfilando sus actuales características, subrayadas en las décadas siguientes, y pasaron a ser el centro de la actividad económica, con la expansión de la industrialización, el inicio de los primeros síntomas de «terciarización» de la sociedad y la pérdida acelerada en importancia de la producción agrícola y de la población rural. Hubo una pujante incorporación de las mujeres al trabajo e importantes cambios en los valores socio-culturales. Comenzó un proceso de modernización y de transformación social, que no puso fin a las desigualdades, pero impulsó el crecimiento de las ciudades a costa del abandono de los núcleos rurales, los cambios de oficio y el desarrollo de nuevas industrias. La sanidad no fue ajena al cambio. El Plan Nacional de Instalaciones Sanitarias, aprobado en 1945, promovía la creación de centros hospitalarios por todo el territorio, para cubrir la urgente necesidad de camas sanitarias. El propósito era construir una red de ambulatorios y hospitales de forma rápida en todas las capitales de provincia y principales núcleos de población. Los problemas financieros lo alargaron casi cuatro décadas. Además, la entrada en vigor de la Ley General de Seguridad Social en 1967 garantizaba la universalidad de las prestaciones y la equidad en el acceso a las mismas de todos los ciudadanos, En los años cuarenta y cincuenta, al amparo de seguros libres, habían comenzado a aflorar pequeños sanatorios y clínicas privadas que fueron desapareciendo a medida que los nuevos hospitales públicos veían la luz. La sociedad leonesa, inmersa en los cambios del país, sufrió importantes transformaciones en aspectos urbanísticos, culturales, educativos, sanitarios e incluso religiosos. En 1955 se inauguró el Ambulatorio Hermanos Larrucea, sustituyendo a otros dos pequeños centros del Seguro de Enfermedad; se creó también, en 1956, la Maternidad Provincial, lo que, junto con la mejora de los hábitos alimenticios y las campañas de vacunación frente a las enfermedades infecciosas, redujo la mortalidad infantil y aumentó la esperanza de vida. La edificación en la capital leonesa de una residencia sanitaria de la Seguridad Social se aprobó en 1947 —su construcción se demoró hasta 1965 y fue inaugurada en 1968—, junto con otra en la ciudad de Ponferrada. Con ellas se quiso dar respuesta a las necesidades sanitarias de una provincia que contaba con un buen número de sanatorios de titularidad privada, pero que tenía una carencia casi absoluta de camas hospitalarias públicas. Esas pequeñas clínicas de la capital, dirigidas por sus titulares médicos, estaban dedicadas, generalmente, a la atención al parto o a la cirugía general, pero resultaban inasequibles en razón a la patología a tratar, la falta de recursos o la exigencia de desplazamiento, en muchos casos, de los potenciales pacientes. Sus titulares fueron el paradigma de la medicina especializada hasta la aparición de los grandes centros de hospitalización. El cirujano Dr. Coderque Navarro, creador del primer sanatorio, fue seguido por otros colegas que desarrollaron su actividad médico-quirúrgica, en algunos casos, hasta pasados los años noventa. Según los autores Fernández Arienza y Ballesteros Pomar, en 1960 funcionaban diecisiete instituciones sanatoriales privadas. Contaba también la ciudad con el viejo Hospital San Antonio Abad, que tras permanecer ubicado en el centro urbano desde su construcción en el siglo XI, fue trasladado a la periferia en 1919. Propiedad del cabildo catedralicio, lo gestionaba por medio de un patronato constituido con el obispado leonés. Sus 122 camas se dedicaban fundamentalmente a la asistencia benéfica. En 1965 pasó a manos de la Diputación Provincial. Para la asistencia a las futuras madres y a los recien nacidos, la Dirección General de Sanidad construyó en 1956 una Maternidad Provincial que tenía 35 camas. La Organización Sindical

18 de Julio abrió en 1942 una clínica para atender a los trabajadores del sindicato vertical, que se integró en la Seguridad Social en 1971; tenía aproximadamente 20 camas. En la Casa de Socorro Municipal se ubicaban dos camas más. En 1961 el Patronato Nacional Antituberculoso abrió el Hospital Monte San Isidro —la dotación inicial eras de 180 camas, que hubo de aumentar a 250 dos años más tarde en razón de la creciente demanda—. Su dedicación exclusiva a pacientes afectados de tuberculosis —enfermedad que en la provincia tenía carácter endémico—, y a patologías pulmonares, no significó un aumento de camas generales hasta bien entrados los años setenta, cuando prácticamente se extinguió aquella enfermedad. El problema hospitalario suponía un gran lastre para la Diputación, el organismo provincial competente, que se planteó la construcción de un centro hospitalario propio, llegando a concertar con la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León una línea de crédito «con destino a la adquisición de terrenos y gastos complementarios, a los efectos de la edificación de un Hospital Provincial», pero el proyecto quedó paralizado durante varios años. Por consiguiente, al inicio de los años sesenta, la capital leonesa tenía apenas 520 camas de hospital para una población de más de 264.000 habitantes —incluyendo los municipios del entorno y a excepción de la población del Bierzo—, es decir, menos de dos camas por cada mil habitantes. Al final de la década de los sesenta el escenario sanitario había cambiado. La ciudad contaba 1.858 camas sanitarias, de las que 1.174 eran de titularidad privada. Casi el 80% de estas se ubicaban en hospitales de nueva creación, dotados de las últimas tecnologías sanitarias y de modernas instalaciones. La construcción de estos centros hospitalarios había comenzado en la primera mitad de los años sesenta pero su puesta en marcha confluyó en fechas muy próximas en el tiempo, los años 1965 a 1969, lo que constituyó un revulsivo, especialmente para la capital de la provincia, que contaría con más de mil trescientas nuevas camas distribuidas en cinco hospitales: uno de titularidad pública, la Residencia Sanitaria

Virgen Blanca, y cuatro de titularidad privada: la Obra Hospitalaria Nuestra Señora de Regla, creada por un patronato formado por el cabildo catedralicio y el obispado leonés; la Clínica San Francisco, de la Unión Médica Previsora; el Centro Sanitario y de Rehabilitación San Juan de Dios promovido por la Orden de los Hermanos de San Juan Dios; y el Hospital Psiquiátrico Santa Isabel, construido por la entidad financiera Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León. Así, al final de la década de los sesenta disponía de seis camas sanitarias por cada mil habitantes; más del sesenta por ciento de estas pertenecían a entidades privadas —el cuarenta por ciento eran para pacientes psiquiátricos—. La ratio de camas por cada mil habitantes se había aproximado en muy poco tiempo a la media de la Europa occidental —siete camas por cada mil habitantes—. La cobertura de la Seguridad Social alcanzaba entonces al 44% de la población. Habrían de pasar veinte años más para que se aproximara al 100%.


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