La biregionalidad de la Comunidad de Castilla «Y» León

Creado: 11.03.2026 | 06:00

Actualizado: 11.03.2026 | 06:00

La Comunidad de Castilla y León tiene en su denominación una «Y» copulativa cuyo significado no parece tener todo el mundo claro. Incluso algún candidato a presidir esta Comunidad autónoma olvidó el significado de esa «y», siendo duramente criticado.

El León rapante del escudo de España, que ocupa uno de sus cuatro cuarterones que representan, junto con la Granada, los Reinos históricos de cuya unión en 1515 nace este país, representa al antiguo Reino de León y no a la ciudad o provincia de León. El Reino de León luchó desde sus orígenes por la unidad de España y vio coronar como «Imperator totius Hispaniae» a Alfonso VII (año 1135), título que antes se habían dado su abuelo Alfonso VI y su madre Urraca I, aunque sin refrendo papal expreso. El Rey de España tiene entre sus títulos el de «Rey de León», título honorífico que hace referencia al territorio histórico de ese reino, no a la provincia administrativa de León. El Estado de las autonomías que alumbró la Constitución de 1978 dibuja sobre la vieja piel de toro la actual división político-administrativa del Estado, coincidiendo en buena parte con la división regional anterior. Castilla La Vieja fue desmembrada: Santander y Logroño dieron origen a las Comunidades Autónomas de Cantabria y La Rioja. «Razones de Estado» llevaron a la creación de la actual Comunidad de Castilla y León, no sin antes sofocar políticamente el partido en el Gobierno, la UCD, los intentos de León (y Segovia) de no integrarse en esa nueva unidad política. Se tiende a singularizar en el leonés Rodolfo Martín Villa, ministro de la Gobernación de Adolfo Suárez, el «sacrificio» de León por el bien de España, para tratar de hacer una comunidad fuerte frente a las regiones más separatistas. El Estatuto de Autonomía de Castilla y León se aprobó por la Ley Orgánica 4/1983, de 25 de febrero. En su exposición de motivos se hace referencia al Reino de Castilla y León (Reino que nunca existió con tal denominación, pues desde Fernando III los Reyes seguían intitulándose Rey de Castilla y Rey de León, hasta hoy). En ese Estatuto, a partir de su artículo cinco, se utiliza en varias ocasiones el gentilicio «castellano-leonés» (también «castellano-leonesas» y «castellano-leoneses»), siempre con un guion de unión (o separación). Ese Estatuto fue modificado por la Ley Orgánica 14/2007, de 30 de noviembre. En la exposición de motivos del mismo, con mayor rigor histórico que el anterior, se recoge que la Comunidad Histórica de Castilla y León surge de la unión de las antiguas coronas de León y Castilla (en ese orden); se relata el origen del Reino de León, el título de emperador de los reyes Alfonso VI y Alfonso VII y su unión con Castilla. En el vigente Estatuto de Autonomía de Castilla y León se utiliza ya siempre el gentilicio «castellanos y leoneses», en ninguna ocasión el gentilicio anterior «castellano-leonés» ni la unión de ambos conceptos como «castellanoleoneses». La historia y el vigente Estatuto de autonomía de esta Comunidad autónoma dejan claro que está formada por dos territorios diferentes, dos reinos, dos regiones. Y no por una provincia (León) y otras provincias que conforman la región castellana. La delimitación de esos dos reinos y esas regiones ha variado a lo largo de la historia. Es de sobra conocido que Valladolid fue un baluarte del Reino de León para proteger el granero de los Campos góticos (Tierra de Campos), mandada repoblar y fortificar por Alfonso VI de León a su Mayordomo real, el Conde Ansúrez y su esposa Doña Eilo. Como también que Alfonso VIII de Castilla arrebató a su primo Alfonso IX parte del Reino de León, llegando hasta Coyanza (Valencia de Don Juan). Pero con diferentes límites, ambos reinos y luego ambas regiones, han existido desde la alta Edad Media hasta nuestros días. El artículo 10 de la Constitución de Cádiz de 1812 enumera las regiones que integran «el territorio español», entre ellas, León. En los siglos XVIII y XIX hubo diferentes divisiones territoriales administrativas de España, desde las intendencias a las prefecturas napoleónicas, luego a las provincias y regiones. En 1847 se dictó el denominado Decreto de Escosura, que dividía el país en once gobiernos generales, donde desaparecía León como región independiente, pero su vigencia real fue de apenas tres meses. Y el otro intento de integrar León en Castilla La Vieja fue en el proyecto de república federal de 1873, que no llegó siquiera a aprobarse. Hubo otro proyecto de Ley en 1884 que tampoco vio la luz, que preveía la unión de León con Asturias, y creaba la región de Valladolid que incluía Salamanca y Zamora, con Segovia y Palencia, separadas de Castilla la Vieja. La división territorial de España que se ha mantenido hasta la actual configuración autonómica, es la aprobada por Decreto de 30 de noviembre de 1833, obra del ministro de Fomento Francisco Javier de Burgos y del Olmo. Ese Decreto configuraba 11 regiones que luego se elevaron a 15, dando carácter de región a Navarra, Canarias y Baleares y las tres provincias Vascongadas. División que se mantuvo en la II República y durante la dictadura, con el único cambio de la división de Canarias en las dos provincias actuales. La delimitación provincial diseñada por Javier de Burgos es la que se mantiene hoy dentro de cada Comunidad Autónoma. La Región leonesa estaba formada por las provincias de León, Zamora y Salamanca (aunque en algún momento, la enciclopedia Álvarez incluyó en la región leonesa a Valladolid y Palencia). Esa división partía de la que ya había realizado Fernando I cuando repartió el Reino de León entre sus hijos a su fallecimiento en el año 1065: Galicia para García; León, Alfonso; Castilla, Sancho; Toro y Zamora para Elvira y Urraca respectivamente. Alfonso IX, nacido en Zamora, reinará también en las tres provincias leonesas, fundando en Salamanca en 1218 el Estudio Superior que dio origen a la actual Universidad, crisol de todas las españolas e hispanoamericanas. Uniría luego al reino de León parte de la actual Extremadura, al conquistar Cáceres y Badajoz (de ahí la denominación de «extremaduras leonesas», los extremos del reino). El romancero canta la muerte de Fernando I hablando de Zamora como tierra leonesa; Unamuno hablaba a menudo de Salamanca como «ciudad leonesa»; el escritor salmantino José Sánchez Rojas escribía en 1919 sobre los paisajes leoneses de Salamanca y afirmaba que «

León es, ante todo y sobre todo, Zamora». Zamora y Salamanca siempre han sido provincias leonesas, nunca castellanas. La «Y» de la denominación de la Comunidad Autónoma de Castilla Y León une por lo tanto dos regiones históricas, formadas por las tres provincias de la región leonesa y seis de lo que fue la región de Castilla la Vieja. Hablar de una identidad diferenciada de ambas regiones es otra cuestión que merece una reflexión aparte.


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