Un gato «inimputable» espera el embrujo electoral

Creado: 17.04.2026 | 06:00

Actualizado: 17.04.2026 | 06:00

Siempre resulta de interés, aunque sea a través de imágenes o audios, seguir las vistas orales ante el Tribunal Supremo, máxime, ante los próximos casos que tenemos en perspectivas: Mascarillas y Kitchen. Comienzan dichos juicios. El segundo, con una «solera» de trece años, y lo justifico, debido a la segura parsimonia de la que hace gala la Justicia por diversidad de razones. El primero, judicialmente, en periodo «prenatal» al cual nos vamos a referir.

Me embargan sensaciones mezcla de extrema impotencia ante situaciones que se repiten una y otra vez, consideradas a ciertos niveles como de normalidad, y, hasta previsibles y/o predecibles, aunque a la mayoría de los mortales nos parezcan desesperantes. Respecto a esto último, bastaría con situar a un especialista delante de unos Presupuestos para que vaticinara donde se encontraría lo «mollar». Ambos casos, constituyen ejemplos vivos de la habitual corrupción considerada como un manjar reservado a privilegiados en una política, sumida y sumidos sus partícipes en total descredito. Pero de vez en cuando se escapa una sonrisa al escuchar por parte de una testigo, cierta declaración alusiva/justificativa a la elección de una vivienda superior en alquiler y espacio, argumentando dificultades con arrendadores previos, los cuales rehusaban la presencia del minino. A juicio de la testigo, razón más que suficiente para optar a otras de mayor habitabilidad. Posiblemente hecha de «motu proprio», ausente de la asesoría de su defensa. Vivimos demasiados escenarios en un marco sistémico: Ciclos sin fin; impunidad repetitiva, convertida en beneficios ilícitos y rápidos; agotamiento social ante malas prácticas de los partidos políticos; corrosión de la confianza ciudadana, potenciando la desigualdad. Etc. ¿Próximas elecciones, mismo contexto? Bien, pero hasta cierto punto, si se trata de comprobar nuevamente que es el precio de la democracia. Pero no debe ser esta la forma, arrastrando la sensación de «esto ya lo he vivido». ¿Permanecemos estancados en la crítica social de cansancio y hartazgo al observar que el guion no cambia, solo los actores, o cabe plantearse optar porque continúe creciendo la abstención, cual ejemplo de rechazo a los partidos políticos y sus continuas políticas de corrupción? Resulta claro que motivos judiciales por un lado y por otro, una «normalidad alarmante» han tenido que alinearse sus consecuencias para que los ciudadanos dispongan de una panorámica general de lo que supone la política de los partidos intervinientes. En el caso Mascarillas (PSOE) nos encontraríamos presuntamente ante una trama que se lucraba mediante contratos cerrados durante la pandemia. Respecto al Kitchen, tendríamos, por un lado, dinero negro de las comisiones ilegales, y por otro, hasta el secuestro para hacer desaparecer pruebas. También el siglo XIX, durante el reinado de Isabel II (1833-1868) hubo figuras afines. La construcción del ferrocarril se convirtió en escenario de corrupción en España, mediante sistemas de prebendas y negocios turbios. De allí heredamos la expresión conocida hoy día como: «cultura del pelotazo» protagonizado por una red de influencias que conectaba directamente con la aristocracia y la Corona. Dicha corrupción no se apartaba demasiado del sistema actual y se articulaba principalmente a través de: Concesiones arbitrarias, subvenciones estatales desmedidas y especulación bursátil. Comienzan a aflorar los primeros sondeos sobre próximas elecciones de gran importancia acorde con el tamaño de su población: Andalucía y generales. Evidentemente, resultaría prematuro adelantar acontecimientos que probablemente llegarán e incidan en el ánimo del votante de una forma u otra. La abstención tiende a ser mayor en el electorado joven y votantes de Sumar y Podemos Entre quienes se abstuvieron en 2023, ante unas próximas elecciones optarían: Un 39% volvería a abstenerse; 14% está indeciso; solo una parte se moviliza (sobre todo hacia PSOE y, PP Vox). Esto indicaría la existencia de un núcleo duro de abstencionistas (casi 4 de cada 10). Pero también una bolsa importante «movilizable» (más del 40% entre indecisos y quienes cambiarían). Interpretación: La abstención sigue funcionando como «reservorio electoral», especialmente importante en contextos de polarización o crisis (como la guerra actual), que por cierto «los altos el fuego» entre las partes, siempre se pactan para romperlos posteriormente, e inculparse mutuamente y continuar en la misma situación.


© Diario de León