El poder de la Luna
Creado: 06.04.2026 | 07:54
Actualizado: 06.04.2026 | 07:54
La misión a la Luna de la nave Artemis II recupera el programa espacial de Estados Unidos con tripulantes a bordo después de superar las enormes desgracias sufridas hace más de 50 años. No se trata únicamente de intenciones científicas, de investigación, de buscar nuevos horizontes para el ser humano con instalaciones lunares pensando, además, en el gran objetivo que es Marte. Estamos hablando de poder, de territorio, de recursos, de control de un espacio del que dependen actualmente las comunicaciones, los sistemas de ataque y defensa, el transporte y buena parte del desarrollo y la vida diaria en la Tierra. No es exagerado advertir de que quien controle la Luna, controlará el mundo en los próximos 100 años.
La conquista del espacio lunar representa una posición estratégica. Nos atrapa cuando vemos su rilar en el mar o cuando su brillo en Luna llena nos deslumbra y ofrece recursos clave como el helio-3 y las tierras raras en estos momentos de necesidad de nuevas fuentes de energía. China trabaja desde hace años con discreción, pero con la ambición clara de lograr una instalación permanente para disponer de una ventaja geopolítica, geoestratégica y geoeconómico a la hora de establecer las reglas para el nuevo siglo. En 1967 se adoptó el Tratado del Espacio Exterior que prohíbe la soberanía formal sobre cuerpos celestes, pero no contempla disposiciones sobre verificación, explotación de recursos, instalación de bases permanente de uso civil-militar y lo que supondría el control de zonas de alto valor estratégico.
Con la mirada puesta en el presente y el más inmediato futuro, la rentabilidad económica no es lo más relevante. El valor clave de la Luna es la capacidad geoestratégica que ofrece, por ejemplo, como plataforma para la intercepción de misiles balísticos que se demuestran como una seria amenaza a la superioridad armamentística de EE UU. Una defensa global efectiva que tendría una red de satélites en unas órbitas mucho menos vulnerables que las actuales para garantizar la defensa y seguridad, las comunicaciones o la navegación.
Estados Unidos lidera los acuerdos Artemis que se asemejan a una OTAN del espacio. España y 40 países más los han firmado a fin de lograr una arquitectura multilateral de valores e intereses comunes que fije las normas para el espacio cislunar, entre la Tierra y la Luna. Este instrumento tiene su valor diplomático, pero precisa mecanismos de cumplimiento y verificación como reglas vinculantes. El apoyo protagonista de Europa con visión estratégica en el espacio resulta necesario para consolidar su aportación con inteligencia, tecnología y financiación.
