Mensaje de (in)tranquilidad
Creado: 15.03.2026 | 06:00
Actualizado: 15.03.2026 | 06:00
La vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, tal vez la más técnica y la «menos política» de las vicepresidentas, cumple con lo que le han pedido. En un desayuno de Europa Press empezó con el mensaje que transmite estos días Pedro Sánchez —hay dos formas de entender el mundo: la ley de la fuerza o la fuerza de la ley— y terminó con el leit motiv del Gobierno para estas semanas: «No a la guerra». Todo es bueno si ayuda a olvidar los escándalos.
Entre medias, Sara Aagesen quiso lanzar un mensaje de tranquilidad: somos un país fuerte, tenemos una cartera energética diversificada, no vamos a tener problemas de suministro de energía, Estados Unidos sigue cumpliendo sus envíos de gas (no sabemos hasta cuándo) y, sobre todo, tenemos la experiencia de otras crisis y estamos trabajando en un Plan de Respuesta Integral que se va a anunciar después de escuchar a todos los grupos parlamentarios —esto es una novedad, «todos», incluidos el PP y, sorpréndanse, Vox; —también Podemos— y a los agentes sociales, incluida la CEOE que no pinta nada cuando se trata de negociar cuestiones laborales y sociales.
Oigan, ¡qué bien! Hablar con todos, no sólo con sus socios, se supone que para aceptar sugerencias —algunos ya las han hecho— y lograr acuerdos y consensos porque lo que está en juego es muy grave y afecta a todos los sectores y a todos los ciudadanos. Aagesen dice que ella, en lo suyo, está por el consenso y los acuerdos pero que, incluso los suyos, «me dicen que eso no vende». Y ella asegura que no se rinde.
Que el Gobierno, «este» Gobierno, apueste por el diálogo es fantástico, sorprendente, estratosférico. Es novedoso, atractivo y hasta políticamente incorrecto. Los antecedentes no ayudan a creer en lo que no se ha visto en años, pero bienvenido sea, al fin, si se llega a algo. La vicepresidenta no detalló nada, seguramente porque no sabe y no puede. Quien tiene la palabra, la primera y la última, es Sánchez. Y quienes pueden apretar al presidente no son el PP y Vox sino los socios que lo tienen cogido por esas partes.
Pero aunque las medidas lleguen tarde (en otros países ya han tomado unas cuantas) y los precios de todo, especialmente de los combustibles, ya se hayan disparado, aunque lo que están vendiendo ya estaba en los depósitos de las gasolineras y en los distribuidores a precio antiguo y no al nuevo, si fuéramos capaces de alcanzar algún consenso, este no sería el país que conocemos sino otro mucho mejor.
Claro, que si empiezan por reunir y escuchar a todos, el Gobierno podría explicar qué acuerdos ha buscado tras el covid, tras la guerra de Ucrania, cuatro años ya, o tras el apagón, un año casi ya. Y, si nos vamos a lo más cercano, por qué y para qué ha mandado 1,3 millones a Defensa y de qué partida presupuestaria han salido o por qué —el para qué lo intuimos— quiere poner al frente de la Airef, la autoridad fiscal «Independiente», a un alto cargo de Hacienda y completar así el control de todas las instituciones que deberían ser «independientes», pero que controla el Gobierno con mano férrea y sin consenso alguno. Entre otras muchas cosas. Así que vamos a poner entre interrogaciones ese consenso para un «Plan de Respuesta Integral» y la tranquilidad de momento sigue siendo intranquilidad.
La gente lo que quiere son soluciones, que no se arrojen las culpas unos a otros porque eso siempre lo pagan los ciudadanos y que se aplacen o se eviten las batallas innecesarias, especialmente en momentos de crisis. Cuando el poder carece de autoridad y solo es imposición, obligatoriedad, excesos, intereses particulares y trágala, es imposible construir un país entre todos y para todos. Aun así, Trump mediante, la esperanza es lo último que se pierde. Lo mismo les ha dado «un aire» y han cambiado.
