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Dormidos y despiertos

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10.04.2026

Creado: 10.04.2026 | 06:00

Actualizado: 10.04.2026 | 06:00

El pasado martes, muchos —supongo— nos fuimos a la cama preocupados, tristes e indignados: en la madrugada se cumplía el plazo del aterrador ultimátum del mandatario de las corbatas fosforito. Faltaban solo unos minutos para que concluyese cuando abrí el ojo, pues mi cerebro debió de interrelacionar las ganas de ir al baño con la necesidad de saber qué había hecho el de las corbatas fosforito. Cumplí primero con mi necesidad de ombligo para abajo, y luego con de la de ombligo para arriba. Los digitales ya informaban de que ambas partes habían acordado interrumpir quince días la guerra. Leí los titulares y me volví a la cama; aliviado de ombligo para abajo, pero ya no tanto de las de arriba. La paz no está en las mejores manos. ¿Y si quienes iban a ser devastados hubiese tomado la iniciativa y atacan de una forma devastadora allí donde no se esperaba que lo hiciese?

El régimen atacado —ilegalmente— maltrata y asesina a sus propias mujeres, pero el machismo tiene muchas máscaras. Ayer vi un documental sobre el mandatario atacante, cuando se divorció de su primera mujer un entrevistador le preguntó por qué lo había hecho y él contestó: «No me gusta acostarme con una mujer que haya tenido hijos». El entrevistador estupefacto exclama: «Pero si son suyos». Y él se encogió de hombros.

Cada vez duermo peor. Mi padre siempre durmió mal, se levantaba y escribía en su máquina de escribir. A veces, aparece en mis sueños… es él y no es él. ¿No es extraña la noche? Ni mi cerebro ni mi corazón se han jubilado. Hace años, en un prólogo conté que a menudo me despertaba alarmado: «¡Creo que en la columna he escrito mal Schawarzenegger!». Marta me tranquilizaba: «Tranquilo, tampoco él lo escribe bien». Aún funciona como remedio casero, pero mis dudas nocturnas son cada vez más. A veces, la mañana aún queda muy lejos. Cuántos horrores que nuestra generación creyó que no íbamos a ver, salvo en los libros de Historia. ¿Vivimos dentro de una pesadilla? Y, a la vez, cuánto noble amor zigzagueando por ahí. Cuánta belleza, en este mundo de horror. Cuánto qué agradecer, cuánto por lo que sentirse bendecido. Dormidos y despiertos… soñemos que un mundo mejor —para todos— es posible, pues lo es. Ah, la vida.


© Diario de León