Suicidio futbolero
Creado: 02.04.2026 | 06:00
Actualizado: 02.04.2026 | 06:00
Cultural y Deportiva Leonesa
Vivo con el «corazón partío» y no por ser ésta la Semana apellidada Santa. Quizá por ser padre de veinteañeros, no logro pasar página a la reciente muerte de Noelia. Por esa tragedia inmensa que supone siempre la pérdida de una vida joven. De una persona que padeció hasta un límite tan terrible que llevó a odiar su propia vida. Pero todo esto me envenena algo en las entrañas al contemplar a tantas personas que se felicitan de ese suicidio asistido por la ley, por considerarlo como un triunfo sobre los que no piensan como ellos. Podría llenar la columna con este asunto y se me quedaría corta. Algo ha fallado, y me parece más oportuno animarles a pasar la página y leer en la siguiente al médico y psiquiatra Luis-Salvador López Herrero —habitual de las tribunas y nada sospechoso de ser un ultra, como se califica a los que animan a repensar un poco lo de Noelia, más allá de lo que cabe en una pancarta—.
Evitaré también la tentación de escribir sobre la Semana Santa y sus incontables frentes de debate, incluso sobre quienes esta madrugada reiterarán el hábito iniciado hace décadas, por un grupúsculo de graciosillos aburguesados, de mofarse de don Genaro Blanco y sus adiciones, sobre el que recientes estudios prueban que todo es un bulo...
Tampoco quiero desperdiciar líneas —cada vez quedan menos— en enturbiar este festivo llamado Día del Amor Fraterno escribiendo de la guerra. Todas las guerras, como mayor exponente del fracaso colectivo del ser humano, las acaban pagando los de siempre, mientras otros alzan la voz para poner matices a lo que debe ser único, global y universal: No a ninguna guerra, a ninguna violencia, a ningún ataque a las libertades y derechos de todas y cada una de las personas.
A lo que iba. La humanidad tampoco se pone de acuerdo sobre quién dijo por primera vez la sentencia inapelable que establece que «el fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes». Este domingo, la Cultural anticipó el finiquito a su jefe deportivo, que le iba a pagar igualmente en pocas semanas, porque con el descenso, fijo que no querría quedarse. Fue puro maquillaje para intentar aplacar el cabreo de una afición frustrada. El problema, como con Noelia, no ha surgido ahora. Se fraguó y consolidó a pesar de los avisos. El conflicto es qué ocurrirá si un día se harta Aspire. La tragedia de los equipos arrebatados a la masa social es que, más pronto que tarde, acaba en suicidio asistido.
