Malditos renegados
Creado: 12.04.2026 | 06:00
Actualizado: 12.04.2026 | 06:00
Los malos hijos de España, de aquí y de Hispanoamérica, cobardes e ignorantes, siguen maltratando sistemáticamente a los Reyes Católicos, en especial a Isabel, también a Carlos I y Felipe II. Estas pandillas de mastuerzos con ínfulas, bocazas, apologéticos de la Leyenda Negra contra España, deberían saber que la verdad histórica sólo puede resplandecer cuando el investigador se acerca limpio y libre de prejuicios ideológicos, y con rectitud y amplitud de miras logra analizar y juzgar, únicamente, a la luz del contexto general de la época. El hecho histórico nunca es algo aislado e inconexo, no se puede estudiar aisladamente como si fuera un microbio en un tubo de ensayo. Es una gran falacia, propia de embaucadores sin escrúpulos, pretender juzgar, con mentalidad de hoy, los hechos ocurridos hace siglos. Los sembradores de mentecatez y cizaña son muy capaces de referirse a los «abusos» aplicándoles el término de «genocidio», palabra totalmente inapropiada, toda vez que es muy moderna, parida y empleada por primera vez en los procesos de Nuremberg en 1946, contra los nacionalsocialistas antisemitas alemanes, es decir: nazis.
Así pues, llamar genocidas a los españoles es una malvada estupidez que no parece razonable en personas cultas. El «historiador» Arno Burkholder, tan cenutrio, sostiene que la actual violencia de México es culpa de los españoles, de la mala herencia que les hemos dejado. La maligna y agresiva estupidez mentirosa de este elemento «mexicano» es tan colosal que hasta pretende hacernos creer que los pueblos prehispánicos eran angelitos inocentes que no practicaban el canibalismo y los más horrendos sacrificios humanos para implorar a sus dioses. Además, nos quiere hacer responsables de la tremenda situación delictiva que México padece desde su independencia, especialmente dura y sangrienta en estos últimos años, que aumenta todos los días, sin remedio: más de 140.000 desaparecidos, sicarios y matones, violaciones, asesinatos, robos, secuestros, cárteres de la droga. ¡Valiente gilipollez la suya, señor Arno!, venga a dar una vuelta por España, lea, infórmese, compare, luego pídanos perdón, muéstrese agradecido, reconozca que los males de México son culpa de sus gobernantes y de los elementos como usted que viven para lavarles la cara y echar balones fuera: si tuviera algo de gratitud y dignidad debería arrodillarse ante Hernán Cortés y el Rey de España Felipe VI. También es muy triste y doloroso ver cada día la forma de ser de algunos españoles, renegados que, por esto o por aquello o por lo otro, siempre están llenos de odio, por culpa de unos supuestos agravios que dicen haber recibido contra su persona, su hacienda o sus ideas. Tanto fanatismo ideológico se lo van transmitiendo a sus descendientes más descerebrados, con especial gravedad en el lodazal de los nacionalistas-separatistas, que sólo saben mentir, engañar, inyectar veneno. Los que somos sus víctimas, sí podemos tener sobradas razones para llamar genocidas a los terroristas y sus compinches que asesinaron a 900 personas, entre ellos niños, dejaron mutiladas a miles de inocentes, secuestraron, extorsionaron, violentaron, y sembraron tanto terror en la España democrática que más de 250.000 vascos tuvieron que abandonar su tierra. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, España no estaba atrasada ni retrasada en comparación con los demás países europeos de primer orden. El filósofo Gustavo Bueno coincide conmigo. Todos los románticos del mundo, especialmente los europeos, se sintieron muy atraídos por el acervo cultural español, y lo consideraron como uno de las más grandes e importantes del viejo continente. España, tan creativa, se resistía al avance incontenible de la monótona racionalidad, de ese materialismo filosófico, político, industrial y económico que lo arrasaba todo, pero sin renunciar a la tradición, sin perder sus valores, logró incorporarse y ocupar un aventajado puesto entre los más desarrollados países del mundo, debido a nuestros avances tecnológicos procedentes de grandes genios creadores que, marchando en vanguardia del saber, de la innovación, provocaron la envidia del mundo anglosajón, siempre ambicioso, sanguinario, belicoso, traidor, muy conforme con la masonería y el protestantismo. Tengo escrito: «Aníbal juró odio eterno a los romanos, yo lo hice contra los hijos de la Gran Bretaña, la pérfida Albión que tanto daño nos hizo con sus piratas, y más con el invento y divulgación de la Leyenda Negra contra lo español y lo hispanoamericano. Los yanquis, los británicos, los franceses y belgas sí que han sido una mala peste exterminadora, esclavista hasta tiempos bien recientes, incluso actuales». En el 2006 escribí: «Bendita España que reventó los límites del mundo y alumbró América»; el 19-3-22: «España me emociona»; el 5-7-22: «Están contra España»; el 26-1-24: «No nos piden perdón». Desde niño llevo en la sangre el amor a España y a los hermanos hispanoamericanos. Sin embargo, a todos ellos, sus gobiernos los han venido engañando, inyectándoles odio contra nosotros. Hay que ser muy cobarde, muy poco hombre para no defender a tu madre, quererla y honrarla: grande es vuestra ignorancia e ingratitud. Me duele que el 20-6-2020, un «sociólogo español» de la extrema izquierda, firmase este disparate: «Que un grupo de manifestantes decidan decapitar o derribar una estatua de Cristóbal Colón tiene que ver con que la ocupación de ese espacio público por ese personaje histórico atenta contra los derechos humanos, contra el desarrollo de la dignidad colectiva». También me ofende que en el Senado, todo un presidente de Gobierno, afirmase: «La nación española es un concepto discutido y discutible». Supongo que la burocracia vaticana anda saturada atendiendo a los muchos emigrantes sin papeles que quieren ser regularizados y, por tanto, no dispone de tiempo para canonizar a nuestra reina Isabel la Católica. Malditos renegados. Con toda Burbialidad.
