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Las urnas en la encrucijada

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15.03.2026

Creado: 15.03.2026 | 06:00

Actualizado: 15.03.2026 | 06:00

Elecciones autonómicas

Elecciones en Castilla y León

Las urnas ya no son la fiesta de la democracia. Lejos quedan aquellos años 80 y aquella primera vez en la que la papeleta de las primeras elecciones autonómicas se deslizó por la ranura de la urna en una mesa electoral de Valverde de la Virgen. Era 1983 y dieciocho años recién cumplidos. El impacto del 23-F nos hizo creer con más ahinco en el valor de las libertades.

Pesaba más la ilusión de volver a participar en unas elecciones, dos votos en menos de un año, que lo que había que votar. La idea de Castilla y León era algo tan difuso en mi cabeza como la Comunidad que se acababa de conformar con los restos de lo que quedaba de España tras lograr Cantabria, Asturias y La Rioja convertirse en comunidades uniprovinciales.

Cuarenta y tres años después, la llamada a las urnas no sólo llega a León con el censo mermado por la despoblación y la emigración. Cuatro décadas y medio lustro —con un gobierno socialista y diez del PP, solo o en compañía— no han logrado coser el traje imposible de las nueve provincias, aunque se ha creado un potente aparato administrativo y político por el que hoy se disputan los votos más que por la ciudadanía menguante que vive bajo su paraguas.

Las elecciones autonómicas de Castilla y León, que se celebran al límite del segundo mandato de Mañueco, llegan en un momento plagado de guerras e incertidumbres. El trumpismo y sus trumpitos lapidan la democracia con bombas y palabras de odio y exterminan a seres humanos como si fueran muñecos de un videojuego. Un panorama triste para cualquier político que enarbole el triunfo en esta jornada.

La idea de que podemos vivir en un mundo feliz cuando todo nuestro sustento social y político —la democracia— se derrumba y la humanidad se desangra o queda abocada a hambrunas y enfermedades por los daños colaterales de las guerras es una ilusión. Un espejismo en el que los supermillonarios se apresuran a fletar naves espaciales para sobrevivir al colapso. La especie humana, se pongan como se pongan los propietarios del poder, salió adelante gracias a la cooperación y a la empatía, no a la capacidad de destruirse que ha quedado tan bien probada y ha dominado el relato histórico.

La lucha sangrienta por los recursos que esconde la parafernalia de Trump —sin el mandato preceptivo del Congreso— es la respuesta fascista a la escasez que se barrunta y a la decadencia de un país con 250 años de existencia y tan solo 16 de paz. Estados Unidos es un país adicto a la guerra, que fundó su imperio en la gran mentira del ataque español al USS Maine para justificar su intervención en la guerra de Cuba.

La disyuntiva es reforzar la democracia y cambiar el modelo extractivista por el reparto eficiente y equitativo de los recursos o seguir por la senda de Trump y los trumpitos que le hacen la ola en el mundo. La disyuntiva es la vida o extinguirse con el odio.

Las urnas ya no son la fiesta de la democracia, pero nos seguimos jugando mucho en ellas. Incluso en Castilla y León. Incluso en León.


© Diario de León