La fama y la lana
Creado: 22.02.2026 | 06:00
Actualizado: 22.02.2026 | 06:00
Se cumplen 190 años desde que desapareció el Honrado Concejo de la Mesta, que durante casi seis siglos, convirtió la lana en la gran riqueza que tejió el país de norte a sur y de este a oeste con las cañadas de la trashumancia.
Desde que en 1836 se deshizo esta poderosa asociación gremial, la mejora de la lana se fue abandonando hasta llegar al siglo XXI bajo la etiqueta ministerial de residuo. Antes, se deshizo el monopolio español de las merinas, como cuenta Manuel Rodríguez Pascual en su magnífica obra «Merinas. La industria de la lana».
Primero en forma de regalos a las monarquías aliadas y luego en flagrante robo de británicos y franceses —las merinas fueron el gran expolio poco nombrado de la Guerra de la Independencia—, las ovejas que los ganaderos seleccionaron genéticamente hasta conseguir la mejor calidad para los años, empezaron a crecer en otras latitudes y llegaron a Australia y Nueva Zelanda y a la Patagonia argentina y chilena.
Allí tomaron el relevo a España y hoy las potencias laneras están en el cono sur, aunque todas han sufrido la era industrial y el dominio del poliéster y fibras derivadas del petróleo.
La bella historia de la lana se cuenta envuelta en vellones que se hacen hilo, ovillos que se tiñen, jerseys, mantas, gorros... calcetines que se tejen. El sombrero, la americana y las enaguas. Todo era lana.
Ahora se confecciona con lana merina la mejor ropa deportiva del mundo. A la reina Letizia la visten con lana española pasada por una gran marca.
Durante las últimas décadas fue China la principal compradora de lanas. El covid cerró los mercados en 2020 y la lana quedó, despreciada, depreciada y sucia, en los galpones de la Patagonia y en las majadas españolas.
El esquileo, parte imprescindible del saneamiento de los rebaños, se convirtió en un sobrecoste añadido para las ganaderías de ovino, con sus economías ya bastante castigadas con las restricciones de la PAC al sector.
La lana despunta como el tejido natural para hacer frente a la «transición energética» y cubrir la demanda de fibras sostenibles que exigen las normativas europeas, pues el sector textil es uno de los más contaminantes del planeta.
En medio de la peor crisis, la recuperación de la lana como materia prima y los intentos de mejoras genéticas para que la fibra han llegado de la mano de esa gente pequeña, que hace cosas pequeñas en pequeños lugares del mundo.
AAñino Merina, Made in Slow, la escuela de Hilanderas, Mestas... en la parte artesanal y Miro Rodríguez primero y ahora la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Merino con programas de mejora genética, han dado un impulso inédito a la lana. La Mesa Nacional de la Lana se suma a esta corriente.
Son los que cardan la lana, mientras la fama se la quieren llevar grandes empresas de marketing contando poco o nada con el sector primario. La fama debe ser para quienes carda la lana y más aún el Año del Pastoralismo.
