El Gran Dictador
Creado: 09.03.2026 | 09:10
Actualizado: 09.03.2026 | 09:11
Inteligencia artificial
Una entrevista con el Nobel de Economía turco Daron Acemoglu destaca como titular sus palabras: «Tengo curiosidad por saber qué destruirá la humanidad: la inteligencia artificial o la estupidez de Donald Trump», aunque vea más peligroso al presidente de Estados Unidos. No haría falta mucha especulación para que vayamos entendiendo que este tipo está extendiendo sobre el mundo una gran sombra, una mancha espesa de tristeza, peligro y amenaza, sin el menor atisbo de raciocinio y humanidad. Pura crueldad. Hasta con los niños, que no tiene alma este bárbaro que actúa bajo el principio del dictador supremo de «O me das lo que quiero o te vuelo la cabeza», rodeado de una panda de matones este capo del desorden absoluto.
El mundo se debate hoy —y no pocos parlamentos lo testifican— entre fuertes y débiles. Trump ridiculiza y machaca a quienes cree más débiles, abriéndose incluso camino claro hacia su dictadura en EE UU. Sus majaderías parecen hacer sonar el réquiem del derecho internacional: su desprecio de leyes, personas, territorios, naciones es propio de un narcisista sicológico que se ha convertido en estos momentos en el mayor peligro del mundo, porque no razona, ya que ha convertido el insulto, el nepotismo, la brutalidad en táctica política. Si nadie lo remedia hasta es posible que vaya cambiando la propiedad del mundo. «La ética del Estado soy yo», fue filosofía asentada en la mente de uno de los dictadores de los treinta del pasado siglo. Casi cien años después el Gran Dictador Trump, no el único, desgraciadamente, que los hay de todos los colores, dice actuar «según lo que dicta mi moralidad». Actuar así, dudando ya de la premisa mayor, es poner a todos a caminar sobre el filo de la espada. A Trump o se le frena o se le pelotea. Esta última parece ser la actitud habitual. Cuando, sin embargo, se tejen alianzas tanto políticas como económicas para testificar que la soberanía de los Estados nunca es negociable y aceptarlo sería aceptar mañana nuestra propia servidumbre, las cosas cambian un poco y los pasos del Dictador son más cortos. Quien acepta su actitud acepta que todo puede ocurrir mañana en Cuba, México, Colombia, Groelandia, Europa…, y no por otra cosa, desengáñense, que no sean sus propios intereses. ¿Puede Europa alcanzar su madurez geopolítica? Buena pregunta, complicada respuesta, algunas de cuyas claves se encuentran en el libro de Pol Morillas En el patio de los mayores. Europa ante un mundo hostil. Por eso no solo hay que hablar de forma indirecta de la violación del derecho internacional, sino de quien lo viola. Agachar la cabeza ante tanta tropelía es dejar libre el camino hacia el Imperio. En Europa parece moverse algo, a pesar de ese Secretario General de la Otan convertido en el Gran Lameculos del americano y su séquito. Uno de ellos ya saben qué piensa sobre España. Lo que ocurre que aquí es más fácil devorarnos porque ya se devoran permanentemente nuestros políticos entre sí. De cualquier forma, para no lamentarnos de no haber tenido presente el poema de Martin Niemoller sobre la cobardía de los intelectuales alemanes tras el ascenso de los nazis al poder, cierro con él estas Hojas: «Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista./ Luego vinieron a por los judíos y no dije nada porque yo no era judío./ Luego vinieron a por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista./ Luego vinieron a por mí, pero para entonces ya no quedaba nadie que dijera nada».
