Pero prometen |
Creado: 08.03.2026 | 10:32
Actualizado: 08.03.2026 | 10:32
Elecciones autonómicas
Si la semana pasada, a la desclasificación de los papeles del 23-F le sucedió la muerte de Tejero para cerrar un círculo tragicómico, en esta que acaba, al adiós del maestro que firmó el mejor discurso político de la historia democrática de España le respondió la inanidad de los protagonistas del debate de las elecciones autonómicas para exhibir la decadencia política actual. El fallecimiento de Fernando Ónega rescata la brillantez del texto que escribió para que Adolfo Suárez apuntalara su candidatura a la Presidencia del Gobierno en los primeros comicios generales tras la dictadura, aferrado al estribillo famoso en el que, mirada a cámara, el exfalangista que dinamitaría la dictadura franquista convenció al electorado de forma mayoritaria de que aquello que decía contaba con aval de cumplimiento en su palabra. La letra a la que el gallego, leonés de adopción, le puso música con el «puedo prometer y prometo», enlazado con ritmo, se actualiza ahora a la luz de las intervenciones con las que los candidatos, además de los líderes de sus partidos, castigan a los electores con un repertorio de promesas populistas, eslóganes idiotas y latiguillos sin ingenio sacados de la fosa séptica de las redes sociales.
La campaña de vuelo rasante sirve apenas para que en el telediario salga León como escenario de la visita de los líderes nacionales. Poco más, como se vio con Pedro Sánchez en Ponferrada, donde soltó su discurso sin ideas para las necesidades del Bierzo, ni del resto de la provincia. No lo arregló tampoco Zapatero. El expresidente intentó poner el dedo para tapar la herida por la que se desangran los socialistas leoneses con esa bravuconada de que es «el más leonesista de la historia», justo quien siempre ha luchado para traicionar el sentimiento de reivindicación de la Autonomía Leonesa. Al escaparate se asomó Feijóo. Pasó por León, le dio tiempo a dormir la siesta en Coyanza y se fotografió con la cabeza de lista provincial, María José Álvarez Casais, relegada a ejercer como trampantojo del verdadero candidato, Juan Carlos Suárez-Quiñones. El ciclo lo cerró el fato de Abascal, con su prosa xenófoba, vacía y fanfarrona, en la que cargó contra el partido que le frena aquí, UPL, que no sabe aún si mata o espanta. Qué más da lo que prometan...