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El Imperio y Dios

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24.03.2026

24 de marzo 2026 - 03:07

No esperaban mi cuerpo ni mi mente volver a escuchar en este país y en el foro público, entrados ya en el segundo cuarto del siglo XXI, palabras y conceptos que tengo plenamente presentes pero asociados a un tiempo muy lejano: mi tierna infancia y primera juventud, esas que transcurrieron en los últimos años del franquismo, y que creía felizmente pasado. Ya hace tiempo que esta inversión en el transcurrir de la Historia se viene produciendo, pero a saber qué fisura temporal han encontrado ahora los profetas de lo ido para volver a soltar su mensaje, y que éste, bien abonado con estiércol, haya brotado y esté incluso floreciendo.

Ha bastado que el Rey Felipe admitiera algo tan evidente como que en la conquista española de América se produjeron algunos “abusos”(que no es precisamente resucitar la Leyenda Negra sino lo que ocurre en todas las conquistas que el el mundo hubo, hay y habrá), para hacer salir de sus telarañas a los fantasmas más raciales que enarbolaban otrora el lema “Por el Imperio hacia Dios” (“hacia Dios sabe dónde” añadía el genial dibujante Perich). Muchos han sido los indignados, y a la cabeza se ha puesto como siempre la presidenta madrileña, dejando caer que los indígenas de aquel continente eran unos salvajes que prácticamente se comían crudos unos a otros, “hasta que llegamos los de la Cruz”. Por supuesto, lo que opinen los actuales americanos no merece ser tenido en cuenta.

Otra cosa es que tenga sentido, más de doscientos años después y como ha hecho la presidenta mexicana, exigir a la España de hoy que asuma culpas que no tiene porque eso sería como castigar a un hijo por los delitos de sus padres, y de haberlas, habrían decaído en el momento en que se produjeron las independencias y aquellos pueblos demostraron su rechazo a España de la manera más clara posible, derrotándola. También resulta difícil ver en qué forma una petición de perdón ahora repararía los estragos de la presencia española en unos pueblos que, por otra parte, defienden con orgullo su identidad y usan el idioma castellano cuando se trata de reivindicarla contra otro imperialismo cultural y económico como el estadounidense. Pero esa es la realidad política y cada uno se hace responsable de cómo utiliza la Historia.

Aquí algunos la quieren usar de la manera más pedestre y airada, levantando de nuevo la idea de la Cruzada como único motivo impulsor de la dominación española en América. Sería mucho más acorde con la verdad reconocer que fuimos como todos los imperios, y que ninguno, incluso con sus huellas benefactoras, se construyó sin sangre.

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