Redes: no volver a llegar tarde |
24 de abril 2026 - 05:45
LAS revoluciones industriales no castigan la pobreza de recursos, sino el retraso en las decisiones. Cada gran salto tecnológico ha fijado jerarquías duraderas. Los territorios que llegaron tarde a la máquina de vapor, a la electrificación o a la industria del siglo XX no quedaron en pausa: quedaron relegados. Durante décadas. Andalucía ha formado parte de esa historia.
Esa historia podría cambiar. La cuarta revolución industrial –electrificación masiva, digitalización, automatización y nuevas cadenas industriales– ofrece a Andalucía una oportunidad irrepetible. La comunidad dispone de energía renovable abundante, de un territorio capaz de absorber nueva actividad productiva y de una posición geoestratégica clave. Parte con ventaja.
El riesgo no está ahí. El riesgo está en repetir el error de siempre. Andalucía ya tuvo recursos en anteriores revoluciones y no supo convertirlos en liderazgo industrial. No fue una falta de ambición. Fue una combinación recurrente: decisiones políticas perjudiciales, planificación tardía, infraestructuras insuficientes y ausencia de una estrategia coherente que conectara recursos, red e industria. El resultado es conocido: otros territorios consolidaron su posición y Andalucía perdió peso durante generaciones. Y, pese a partir hoy de una situación de ventaja, el cuello de botella vuelve a ser el mismo, con otro nombre: la red eléctrica.
La cuarta revolución industrial no se decide con discursos ni con anuncios de inversión, sino con infraestructuras concretas: capacidad de conexión, transporte de energía, plazos y fiabilidad técnica. Donde la red no llega, la industria no espera. Se va. Y cuando se va, fija su posición para largo tiempo.
La mala planificación de las inversiones en redes amenaza con diluir una ventaja histórica. Producir energía sin poder llevarla donde la demanda industrial la exige no genera desarrollo. Genera dependencia. Andalucía corre el riesgo de aportar recursos y territorio mientras el valor añadido, el empleo cualificado y el control estratégico se concentran fuera.
Invertir en redes debería ser la prioridad política absoluta de Andalucía. Es una idea, empero, ausente en la precampaña electoral. No aparece en los debates, no estructura los programas y no ordena las decisiones públicas. No es una omisión menor: es una renuncia estratégica. Porque cuando la infraestructura llega tarde, el beneficio económico y social pasa de largo. Y esa es una factura que se paga durante décadas.
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