El lío de Vox

23 de abril 2026 - 03:08

Durante su breve gira madrileña de inicios de semana, Juanma Moreno lanzó dos mensajes relevantes para su campaña. El primero es el reconocimiento de que Vox le “quita el sueño”, una expresión lógica en el fondo pero que en la forma recuerda mucho a aquello tan recordado que dijo Pedro Sánchez en 2019 sobre Podemos, que “no dormiría tranquilo” con ese partido en el Gobierno. El otro mensaje clave es la interacción del PSOE con Vox, al afirmar el presidente andaluz que el líder socialista se dedica a alentar al partido de la derecha para perjudicar al PP. Ambas cosas, la lógica preocupación a compartir gobierno con un partido que le gusta ir al choque y el supuesto papel del PSOE en su auge, se escenificaron de manera perfecta la semana pasada en el acto (claramente electoral) que Santiago Abascal celebró en Granada y que empezó a palos a los pies de la Catedral.

En esta ciudad hay unos grupúsculos que se autoproclaman antifascistas y que acuden a muchos sitios sin que nadie les preste atención, pero que han cobrado protagonismo gracias a Vox. El día del mitin de Abascal, éstos habían convocado una concentración sin autorización de la Subdelegación del Gobierno, pero de sobra conocida, así que era de prever que el dispositivo policial fuera importante, sobre todo con antecedentes como el de Macarena Olona o Vito Quiles.

La sorpresa fue que solo acudió un pequeño grupo de policías nacionales auxiliado por otros cuantos municipales, y que dispusieron un cordón a solo unos pocos metros del lateral del escenario de Vox, de modo que los cuatro bronquistas de siempre podían gritar y lanzar pintura roja casi desde primera fila. Lo fácil hubiera sido colocar esas vallas en la calle anterior y ya podían ejercer libremente su derecho a dejarse la garganta sin más repercusión.

Esta circunstancia de la que Abascal culpó directamente al Gobierno y a Pedro Sánchez dio pie a otro estropicio, porque fue el propio líder de Vox quien alentó a los suyos a “avanzar” contra ellos. Se subió al escenario y dijo que había que despejar esa calle. Como Don Pelayo, lanzó a sus jóvenes soldados contra el invasor de aquel espacio sagrado. Y fue como encender una mecha preparada, porque al momento sus partidarios empezaron a cantar “a por ellos” y se lanzaron contra todo, derribaron las vallas, apartaron a los policías y levantaron sus porras (sí, llevaban porras) contra los de la protesta “ilegal”. Se lió. Y ese es el lío y el callejón, en su versión política, donde Moreno no quiere verse tras el 17-M.

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