Don Tancredo, Vox y el PP |
25 de abril 2026 - 03:08
Como si fuera 24 de diciembre, y bajara por la chimenea con su barba blanca, o si fuera cinco de enero, y llegara con su corona y su camello, Feijóo ha dejado en el árbol o en los zapatos de María Jesús Montero el mejor regalo con el que pudo soñar, a la vez que carbón (y no del dulce) en los de Juanma Moreno: los pactos con Vox en Extremadura y Aragón adornados con el lazo de la “prioridad nacional” y “primero los españoles, claro que sí”.
En 2023 los pactos con Vox en Extremadura y Valencia se cargaron en las generales los excelentes resultados del PP en las autonómicas y municipales. El PSOE pasó de gobernar en nueve comunidades a hacerlo en tres, el PP se hizo con ocho y en las municipales los socialistas perdieron casi 400.000 votos con relación a las elecciones de 2019. Pero en dos meses, del 28 de mayo al 23 de julio, Extremadura y Valencia de por medio alimentando el bulo de que PP y Vox son lo mismo y activando la alerta antifascista, el PP ganó las elecciones, pero no pudo gobernar, lográndolo Sánchez gracias al apoyo de Sumar, ERC, Junts, PNV, EHB, BNG y CCa, singular rebujito de nacionalismo independentista moderado y extremo, de derechas e izquierdas, más izquierda extremo-populista, al que se llamó “mayoría progresista”.
Está claro, tres años después, que el PP no se ha enterado de que pactar con Vox es tóxico, pero hacerlo con EH Bildu, ERC o el prófugo Puigdemont, pagando un altísimo precio, es el no va más del progresismo; del carácter tóxico para él y benéfico para Sánchez que tienen sus pactos con Vox; y de que este es el Don Tancredo de la política que ahora hemos visto en el vídeo filtrado del Comité Federal de 2016, urna fantasma incluida, con gesto pétreo entre el griterío, las descalificaciones y hasta las lágrimas. Tancredo López, aclaro, fue un torero fracasado que creó la suerte bufa de quedarse inmóvil, subido en un pedestal y vestido de blanco, para que el toro lo confundiera con una estatua. De él derivan “tancredismo”, “dontancredismo” o “hacer el Don Tancredo” que, dice la RAH, “aplicado a los políticos o a cualquier otra persona, significa permanecer impasible ante los problemas que se le vienen encima sin inmutarse ni mover un solo músculo”. La diferencia es que este Don Tancredo después se convierte en puntillero.
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