Una fotografía muy jerezana en las memorias literarias de Dámaso Santos |
11 de mayo 2026 - 05:39
No rata literata -que es como llamaban cariñosamente sus compañeros de clase a Fernando Sánchez Dragó cuando ya de niño era de suyo churumbel dado a los libros- ni siquiera roedor de bibliotecas. Quien esto escribe -como alma libre que jamás conoció la voz de su amo; tampoco, ni a pie ni a pedal, anduvo ninguna travesía del desierto- sí puede considerarse ratón de librerías de viejo. O de lance. O de libros antiguos y de ocasión. Son, para el arriba firmante, templos sagrados, sanctasanctórums, parnasos de la paideia, morgue impresa al tercer día de la resurrección, hospital de incunables, polvos que no provienen del lodo, catering añejo de prosa no caducada, abracadabra de la Galaxia Gutenberg, brandy y brindis de una cultura nunca remontada, trusts de cerebros a la carta sobre la bandeja de plata de raídos anaqueles, no el espejismo sino el minuetto entre los tiempos de una editorial ida y la omnipresencia de tu hallazgo… Oportunidades de oro a precios de ganga. Bicoca sin trampas ni cartón…
Sin ir más lejos -y aprovechando que mi itinerario pasaba no a toda pastilla por el Valladolid y el Pisuerga de una librería de tal naturaleza sita en el centro de Jerez- el pasado viernes -en una operación de vigilancia y rastreo casi a vista de pájaro- adquirí por 2 euros una obra sumamente interesante de la que nunca antes supe de su existencia ni incluso -a........