Jerez: una reflexión, en alta voz, de José Carlos Fernández |
09 de marzo 2026 - 05:24
Así como la carne de la literatura es la lengua -como idioma, como herramienta, como materia-, el trueque de toda superficialidad será la excelencia. Frente a los discurseadores no demasiado cultos, a veces -Deo gratias- ocupan el espacio público voces autorizadas: los sabios de nuestro tiempo, quienes saltan a la palestra sin tampoco aspirar a ninguna viralidad. Pero aportan luz a los claroscuros del paisanaje ambiente. Entonces el alivio llama a capítulo. Son las excepciones que conforman la regla. Picas en Flandes -no obstante a cuentagotas-. Identidades esmaltadas sobre el desierto del Sahara. Contribuyentes al por mayor en aras de la cofradía de la rara avis. Firmas fluorescentes en el atlas desenfocado de la Era Digital. Cuando un intelectual de veras alza la voz, el eco brilla. Los receptores se enriquecen. El pensamiento crece sin lindes. No corren -ni a ritmo atlético ni a paso cojitranco- favorables tiempos para la lírica. La erudición fundamentada parece erigirse en huelga de hambre. Abunda por doquier la opacidad sistemática del pensamiento único como colgaduras deshilachadas cuyos flecos trenzan la nada. No aludo al cultivo de la política -al menos no stricto sensu- sino a todas cuantas abulias nos acechan: desde la máscara y la mascarada al egoísmo recalcitrante o a la........