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Entre rosas y pestiños

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02.04.2026

02 de abril 2026 - 03:07

En Andalucía, la Semana Santa no se vive solo en las calles con los penitentes, los pasos y las saetas: también se saborea en la cocina. Cada año, desde el Viernes de Dolores hasta el Domingo de Resurrección, los hogares onubenses y andaluces se llenan de olores que evocan tradición y memoria. Platos que nacieron de la abstinencia de carne, como el potaje de vigilia con bacalao y garbanzos, comparten protagonismo con dulces como las torrijas, las rosas, los pestiños y la leche frita.

La gastronomía de estos días refleja la creatividad que surgía de la sencillez: sopas humildes, buñuelos de bacalao y guisos de aprovechamiento. Recetas que han pasado de generación en generación donde cada familia aporta su toque particular. En Huelva, las cocinas huelen a aceite caliente, a miel y a canela, a pan recién frito,y en cada casa se percibe ese hilo invisible que une la tradición con el presente en la vida cotidiana.

Más allá de ser un festín de Semana Santa, estos platos cuentan historias: de esfuerzo, de celebración y de memoria colectiva. Y mientras las calles se llenan de tambores y cornetas, la cocina andaluza sigue siendo silenciosa pero poderosa: un altar de comunidad y sabor.

Recuerdo a mi abuela en la cocina y a mi madre, toda una mañana frente a la olla llena de aceite, haciendo las rosas una a una. La primera casi nunca salía perfecta: el hierro tenía que estar muy caliente y, si no quedaba bonita, se apartaba. A mí me daba igual la forma; en cuanto le echaban la miel, no podía esperar para probarla. Es el dulce que más nostalgia me provoca, el que me transporta a una infancia feliz en el pueblo, de vacaciones, con el aroma del azahar llenando el aire.

Este tesoro era compartido con Fina, la vecina; con tita Juana y tita Dolores, con Ana la que nos traía los huevos y con el primo Mario. Y yo temiendo que me quedara sin probarlas.

Los roscos fritos, la mona de Pascua, los balcones engalanados y la rebequita por si refresca. Lloverá o no lloverá: la aplicación del tiempo convertida estos días en nuestra consulta obligada. Ponte unos zapatos cómodos, echa unas tiritas y compra pipas de las que traen bolsita para las cáscaras. Nos vemos a las cinco, para ver la salida desde la iglesia. Niños con bolas de cera tras los penitentes, madres con el capirote del hijo bajo el brazo y señoras luciendo su mejor abrigo de pelo para ver los pasos.

Podemos perdernos entre la multitud y sentir los tambores tronar, quedarnos en casa haciendo pestiños o disfrutar de un día de playa. Sin prisas, con calma. Porque lo más dulce de estos días está en el tiempo que nos regalamos. ¡Feliz jueves!

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