Peter Pan |
19 de agosto 2026 - 04:40
PERTENECER a la madurez tardía permite espaciar la vista, sopesar las acciones y mitigar los errores. No siempre es así, si nos remitimos a los maduros que quieren ser jóvenes. Veo a muchos de ellos, con parejas de etapas vitales anteriores, adoptando modas, actitudes y comportamientos extraños.
Los ‘papitos’ quieren mover el esqueleto a ritmo trepidante, por lo que la aceleración cardiaca se les multiplica en el intento. A los que sostienen la teoría de que la edad es subjetiva, no me los imagino en un parque de atracciones subiendo a todos los cacharritos; si así fuese, más de uno bajaría de ellos con la cara verde y el cuerpo descompuesto, mientras la pareja asimétrica sigue a carcajadas la evolución del compañero echando la pota y maldiciendo la hora en que tuvo tanto arrojo. Nada tengo en contra, la gente puede sentirse psicológicamente joven ¿quién se lo impide? Por mí como si quiere correr a cuatro patas, al fin y al cabo, el DNI está impreso en la comisaría.
Yo mismo, hay veces que me creo adolescente cuando sale una espinilla. El problema es la vitalidad que requiere salir de la rutina que conlleva la madurez: por dentro te sientes joven y por fuera te aprisionan las coyundas del cuerpo (y del alma). El paso del tiempo tiene eso, las limitaciones físicas asociadas. Los ejercicios de Taichí no siempre dan los resultados que ofrecen los anuncios y los abdominales se retrasan en el tiempo. Conozco a quienes han cambiado a la........