Parar para vivir |
27 de mayo 2026 - 10:22
Entre la mucha distracción que tenemos, conviene un poco de centralidad básica, un tanto de silencio interior, siquiera sea para reconciliarnos con nosotros mismos. Tal vez sentarnos a mirar los pájaros, o ponernos a volar con ellos desde el interior perdido, volver al nido de la procedencia para recogernos de tanta dispersión en la que vivimos. Salir del estruendoso ruido y buscar el silencio tranquilizador. Se necesita apaciguar el yo disperso para encontrar la propia identidad que anda repartida en muchas tareas, a veces, contradictorias. Silencio y quietud en este camino precipitado que llevamos. Puede doler la parada, porque supone dejar a un lado la confortable vida que nos la quita. Vida quita vida, cuando no es la que verdaderamente te hace crecer. Parar, puede llegar a ser punzante cuando se trata de amoldar el yo perdido al yo encontrado.
Pero de eso se trata, de dolerse hasta recuperar la conciencia olvidada y acompasar el cuerpo al espíritu recuperado. Cuesta mucho desplazar los centros de interés, focalizar de otra manera la existencia y darle el giro necesario que nos lleve a otro modo de ser y estar en el mundo. De una cosa estoy seguro, el mero hecho de querer frenar ya transforma, el simple cumplimiento de las normas de tráfico te salva de un accidente: un stop te puede salvar la vida. Recuperar la atención por lo que nos rodea, parar y observar, que las cosas y uno mismo adquieran profundidad, que de eso se trata, de pasar dando sentido a la vida. Hablan los orientales de respirar acompasadamente, y llevan razón: ser conscientes del mero hecho........