Cuestión de fe |
22 de marzo 2026 - 03:09
Aún se siente el temblor del terremoto provocado por la última nota doctrinal de la Conferencia Episcopal en la que los obispos españoles advierten, como vienen publicando esta semana varios medios, sobre el exceso de emotividad de los nuevos movimientos y muestran también su inquietud por el éxtasis juvenil de los retiros espirituales. Dicen las crónicas que, aunque no los citan, los prelados parecen remitir a Hakuna, Effetá, Emaús o los carismáticos. El comunicado de los jefes de la Iglesia ha sorprendido por párrafos como el que sostiene que “existe el peligro de pretender suscitar algunos comportamientos mediante un ‘bombardeo emocional’, lo cual podría considerarse una forma de “abuso espiritual”. El debate está servido. Los obispos no quieren pan para hoy y hambre para mañana.
Es obvio que a la fe no le sienta bien el traje de la viralidad, siempre tan pasajero, de una sola puesta, de usar y tirar, aunque hay quien piensa que estos fenómenos dan síntomas de haber traspasado ya la frontera de las modas. La fe no es un parque temático con tenderetes de colores y malabaristas en las esquinas, un disco de Rosalía ni una película premiada en los Goya. Tampoco debe ser una pose ni un pacto de exhibicionismo emocional. Lo de creer nunca fue una cuestión de velocidad sino más bien de resistencia, pero los obispos reconocen al mismo tiempo que existe “un renacer de la fe cristiana” especialmente entre los jóvenes, un colectivo al que los postulados arcaicos, la impermeabilidad de la doctrina a los nuevos tiempos y las misas en latín habían desplazado a las antípodas. Muchos siguen allí de hecho. Jóvenes y adultos. Así las cosas, voces como la del escritor y periodista Serrano Oceja han lamentado que la curia tire piedras contra su propio tejado indicando que a estos movimientos (Hakuna, Effetá, Emaús, carismáticos, iniciativas de primer anuncio…) no hay que señalarlos sino acompañarlos.
Y todo esto a unos días escasos del comienzo de nuestra gran Semana Santa, con las procesiones a la vuelta de la esquina, con las hermandades y cofradías en perfecto estado de revista. Hay ganas. La calle rebosará de gente, imágenes, pasos, penitentes, azahares e incienso. Las terrazas, los bares, los hoteles, los apartamentos turísticos harán caja. Y también habrá emotividad y éxtasis, principalmente entre los cofrades, incluso entre aquellos -que haberlos haylos- a los que no les mueve tanto la religiosidad como el ornamento, aquellos que, puestos a creer, prefieren hacerlo, antes que nada, en una banda de cornetas y tambores. Cuestión de fe.
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