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El huevo o el fuero

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08.04.2026

El chascarrillo español atribuye esta frase a algún autor (dice la Wikipedia que a Francisco de Quevedo) del siglo XVII. Su significado por aquel entonces tiene tanta vigencia hoy como quizás la tuvo en el episodio de nuestra historia a la que se refería el escribano. El fuero se consiguió en el Congreso de los Diputados del siglo XXI cuando se votó la reforma constitucional que otorga a Formentera un senador propio en la próxima legislatura. Sin duda un hito importante en la consolidación de nuestra isla en el contexto institucional. Bien es cierto, como se refleja en las hemerotecas, que el “parto” ha sido con dolor, puesto que la lucha política entre tirios y troyanos subsiste incluso por encima de los sentimientos unitarios de los ciudadanos de Formentera. Al final la foto de familia en las “gradas” del Congreso refleja la voluntad común.

Ya tenemos senador y ahora toca modelar la figura del o de la representante que se gane el derecho (por vía democrática) a defender nuestros intereses en la Cámara Alta (su eficacia en el funcionamiento del país está por demostrar). Ahí comienza la disyuntiva del “huevo o el fuero”. La lucha encarnizada entre quien gobierna y quien le oposita es de tal manera que a veces (casi siempre) el interés común de la población queda en segundo término. Plantear en las actuales circunstancias un candidato de consenso que tenga el mandato de “defender” a Formentera con dedicación exclusiva por encima de la “obediencia debida” a las cúpulas de los partidos centralistas es una quimera muy difícil de alcanzar. Estamos ante la exaltación del “huevo” y mucho me temo que el “fuero” se quede entre los cientos de buenas intenciones de cualquier campaña electoral que son eso, “intenciones”, una vez se conocen los resultados de las urnas. No quisiera, después del entusiasmo colectivo, de esta conquista política, caer en la depresión postparto y aguar la fiesta de traje de domingo o fiestas de guardar, pero mucho me temo que la figura icónica que resulte de las elecciones a senador por Formentera, si no tiene marchamo de “insularista” y yo diría que de “llanero solitario” (sin indio) puede quedarse en un simple espectador de esa lucha intestina a la que asistimos los miércoles en el Congreso y los martes en el Senado con sillón prestado para cuatro años, derecho al pataleo y a los titulares de los medios con base en la isla. La representación territorial (creo que era la intención del constituyente) del Senado es un fuero sin huevo.


© Diario de Ibiza