Del verbo ‘turistear’ |
Basta salir de tu país en un circuito turístico previamente concertado para darte cuenta de muchas de las cosas que afectan a nuestros turistas (los que visitan Formentera) y que los autóctonos y residentes ignoramos por desconocimiento. No es que uno sea primerizo y por eso se lleve sorpresas, pero sí que determinados comportamientos suelen ser comunes a quienes estamos de ‘vacaciones’. Que el todo tiene que estar en orden porque lo has pagado es una de esas utopías que están escritas en los libros de filosofía, también en los prospectos y contratos de ‘viajes’, incluida la letra pequeña. Las circunstancias y los derivados del ‘cambio climático’ turístico hacen que cosas que deberían funcionar se atranquen y causen alguna que otra molestia. Elevar una pequeña piedra en el zapato (de las que se pueden quitar sin más) a la categoría de tragedia griega de las que perduran en el tiempo es una solemne tontería. Seguro que no afecta al objetivo principal del viaje o de las vacaciones. Una salida de tono, un rasgarse las vestiduras porque una parte del bufet se ha acabado y no han repuesto (no veas la que armaron algunos) puede arruinar el ‘buen rollo’ que necesitas para rentabilizar lo que pagaste en su día o lo que estás pagando en ese momento. Lo que sí es exigible en todo tipo de turisteo es la profesionalidad de los que atienden. De ellos depende y mucho que los errores del sistema nos afecten lo mínimo en los estados de ánimo del visitante ocasional. Una frase, una simple atención más allá de lo que el contrato especifica, le da la vuelta a la situación (no nos engañemos, nunca llega a ser extrema) Son esas pequeñas cosas, que cantaba Serrat, las que determinan si la cuestión tiene solución o pasamos a mayores (nunca sabes dónde acaban esas mayores y a quién benefician) Notan, por lo contado, que acabo de llegar de un tour organizado por Egipto, de esos de ocho días y siete noches que parte de la base de que son siete noches, pero no ocho días y nadie pone sobre la mesa que dos se lo comen los traslados con retrasos en los aviones (como suele ser por estadística) Devuélvame la parte proporcional de la espera en el aeropuerto, podría ser un eslogan. En cambio, si el autobús que te lleva a las pirámides se retrasa por el caos circulatorio, se monta la de Dios y total, la esfinge seguirá allí otros 3.000 años. Mire usted, turistear tiene su parte de sacrificio casi masoquista. Paciencia.