El azar |
Hola hoy desde Marruecos. Les escribo con un pulgar que traje lesionado desde España, repartida entre el pinchazo al teclear y mi tendencia a multiplicar mis divagaciones cuando viajo. En fin, que sea lo que Dios quiera, o mucho más acertado en este contexto: Insha’Allah.
Arranquemos con un pequeño secreto: viajo en compañía de dos hombres. Un curioso trío —¡por favor, que sus mujeres me disculpen la expresión!—. Nos conocimos hace ya muchos años trabajando en Ibiza. Tras numerosos viajes de trabajo juntos, cuando abandoné la isla y el cargo, di por descontado que nos llamaríamos, sí, cuando fuera de visita o —de nuevo, el azar— coincidiéramos en algún sitio. Eso al principio, claro, hasta que con el paso del tiempo el hilo se fuera diluyendo. Y no pasa nada. El amor es eterno mientras dura, y las mejores alianzas pueden durar minutos.
Sin embargo, para mi sorpresa, me llamaron un día para pedirme que había estado hablando y les gustaría que siguiéramos viajando juntos, los tres. Ahora, solo porque sí, que créanme, es el mejor de los motivos.
Debo confesarles que soy de viajar sola. Es más, me horrorizan esas pandillas sin ton ni son, tan forzadas, en las que todo lo que tienen en común es el miedo a viajar solas. Entiendo, pero no me........