De Ucrania a Irán, pasando por Gaza

No me acuerdo en absoluto de qué estaba haciendo exactamente un día como hoy de hace cuatro años. Tenía otro trabajo, otro perro, el mismo gato, el mismo coche y vivía en la misma casa. No sé a qué hora me levanté ni qué ropa me puse ni qué comí, pero de lo que sí estoy segura es de que no tuve que meter cuatro cosas en una maleta y huir a toda prisa de mi barrio, de mi ciudad y de mi país, porque al marichulo del señor Putin y sus secuaces se les ocurrió que Rusia, el país más grande del mundo, necesitaba un pedazo de Ucrania para ser todavía más poderoso y más amenazador.

Han pasado cuatro años desde el comienzo de una guerra que, los desinformados como yo, pensábamos que iba a durar cuatro días por la gran diferencia de tamaño y capacidad destructora entre los dos oponentes. Pero ahí siguen, acumulando muertos en ambos bandos que ya ni siquiera merecen un minuto de atención en los telediarios.

Es curioso observar como en los primeros meses se hacía hincapié en el desastre humano, en la pérdida de vidas y en los miles de desplazados pero, con el paso de los años, ahora solo se habla de costos económicos, de las aportaciones del resto de países y de diplomacia internacional. Como en muchos otros ámbitos, el ser humano se diluye cuando se enfrenta al materialismo más atroz.

Se han cumplido cuatro años de una guerra que tenemos ahí al lado, a cuatro horas de avión, pero que hemos decidido ignorar . ¿Cómo de cerca tienen que caer las bombas para que nos importe?

Y lo más triste de este texto es que lo empecé a escribir el jueves pasado y, hoy domingo, cuando me siento frente al ordenador a terminarlo, Pakistán ha atacado Afganistán y Estados Unidos, junto a sus «amiguetes» de Israel, han bombardeado Irán.

Sin olvidar que los niños de la franja de Gaza siguen muriendo de frío y de hambre, a pesar del supuesto alto el fuego firmado en los despachos y que al parecer no han hecho saber a los que aprietan el gatillo, porque siguen matando.

Se nos está quedando un mundo muy poco bonito.

Suscríbete para seguir leyendo


© Diario de Ibiza