El drama de la soledad

En la parroquia de Santa Cruz un grupo de voluntarias iniciaron un proyecto llamado Shema, ‘escucha’ en hebreo. El origen de dicho proyecto fue percatarnos del drama de la soledad de tantas personas que necesitan ser escuchadas. Vivimos un momento histórico en el que nunca habíamos estado tan ‘conectados’, y a la vez, tan solos. Mucha gente, incluso rodeada de otros, vive atrapada en un aislamiento profundo, me atrevería incluso a decir existencial, que la deja vacía por dentro. Qué menos que poner medios para que se sientan atendidas.

Es posible romper la soledad y reconstruir vínculos que dan sentido a la vida de cada uno, por eso no dejamos de ofrecer un espacio donde cada uno pueda expresarse libremente sobre sus miedos, sus preocupaciones y descubrir que no es cierto que estén solos, que el drama del aislamiento puede ser tan solo una parte de una vida que ha pasado por unos momentos de oscuridad.

Cuando hablamos de soledad nos podría venir a la mente, equivocadamente, un perfil de personas concretas. Pero no es así, esta sensación afecta por igual a personas mayores como a jóvenes, incluso me atrevería a decir a niños. Tanto a personas que no tienen familia como a miembros de familias numerosas. A personas que tienen más recursos económicos o sin ellos. La soledad es como una pandemia que, a su vez, también cuenta con una vacuna para poder erradicarse.

Muchos niños crecen sin apenas vínculos: no tienen hermanos ni primos con quienes tejer complicidades. Muchos adolescentes se refugian en las realidades virtuales y desconocen la amistad verdadera. Las elevadas tasas de matrimonios que se encuentran ante el drama de la separación aíslan a adultos. La falta de compromisos en la sociedad en general nos hace vivir más unas relaciones individualizadas donde no entra el poder ‘perder’ el tiempo escuchándonos, pero sí mirando pantallas que nos aíslan más.

Y ante todo esto, un grupo de personas que se ofrecen, que dan un paso al frente, que dedican su tiempo a poner un oasis de esperanza ante tanta soledad. La comunidad, el encuentro con los otros, nos quiere ayudar a recordar que necesitamos vivir con otros para sobrevivir, diría incluso, para vivir dignamente. Crear vínculos de fraternidad que, a la vez, pueden dar respuesta a otras amenazas que sufrimos, consecuencia de la soledad que se vive, como es la guerra y las injusticias.

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