¿Alguna enfermedad importante? No, ninguna

Dicen que tardamos apenas décimas de segundo en hacernos una idea de alguien a quien acabamos de conocer. Cuando conocí a Maricarmen sentí una agradable sensación, como si pudiera fiarme de ella. Es la novia de un vecino mío; de él también tuve buena impresión desde el principio: atractivo, amable, servicial y muy práctico, siempre dispuesto a ayudarme con cualquier problema doméstico que yo no supiera resolver.

Un día me contaron cómo empezó su historia de amor.

Pocos años después de separarse, a Maricarmen le diagnosticaron un cáncer muy agresivo en fase IV con metástasis. Era joven, tenía una peluquería que funcionaba bien, dos hijos adolescentes y una familia muy unida que la sostuvo desde el primer momento.

Pronto empezó el calvario: quimioterapia, radioterapia, ensayos y efectos secundarios devastadores.

Perdió el pelo, pero no el ánimo, ni la fuerza, ni la esperanza.

—«Como me voy a morir, me voy a buscar un novio».

Y así lo hizo. Se apuntó a una app de citas y fue clara con todos sobre su situación. Con uno salió a una discoteca —«yo creo que le di pena», dijo—. Allí estaba Quim. La miró y no fue pena lo que sintió al verla. Bailaron. Él notó la peluca.

—«¿Tienes cáncer?», le preguntó.

—«Sí», respondió ella.

La enfermedad avanzaba. Muchas veces creyó que se moría, no solo por el cáncer, sino por la dureza de los tratamientos. Perdió la audición y se quedó sorda. Perdió también su peluquería y llegaron los problemas económicos. Pero Quim siguió a su lado, igual que su familia.

Entonces apareció otro ensayo clínico. De inmunoterapia. Y volvió a probar.

—«Esto es para intentar mejorar tu calidad de vida; lo tuyo no tiene cura», le dijo la doctora.

Y, contra todo pronóstico, empezó a funcionar. El cáncer, que estaba extendido por su cuerpo, comenzó a desaparecer poco a poco. En cada revisión, una mancha menos. Después otra. Y otra.

Hasta que un día llegó la noticia:

—«Estás limpia, curada».

Maricarmen es tan especial que, hace poco, en una consulta por algo sin relación, un médico le preguntó:

—«¿Alguna enfermedad importante en el pasado?»

—«¿Cómo qué no? Aquí pone ‘cáncer’».

—«Ah… es que se me había olvidado».

Así es ella. Con ella sabes que las conversaciones no girarán en torno a sus penas.

El cáncer en España ha aumentado en los últimos años entre la población joven de forma alarmante. Lo deseable es que no aparezca. Los expertos insisten en que un estilo de vida saludable podría evitar muchos casos, quizá hasta la mitad. Y vale la pena intentarlo, no solo por esquivar la enfermedad, sino por los innumerables beneficios de vivir en un cuerpo y una mente sanos.

Pero si llega, historias como la de Maricarmen nos recuerdan que, además de los avances médicos, la actitud y el poder transformador del amor pueden obrar finales como el suyo.

Este caso aparece recogido en el libro ‘Con maquillaje y tacones, historia de un cáncer’, de Jessica García.

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