El árbol |
En uno de esos momentos típicos de Sant Jordi, de los que no se habla ni escribe casi nunca, sentí que debía ir al lavabo. Regresaba de una firma en la librería Taifa y mi siguiente cita era en la parada de Casa del Libro. Puesto que enfrente estaba la librería, pensé en pasar primero por el baño. Había cola para acceder al edificio, pero me animé diciéndome: ‘Soy escritor, quizás pueda colarme’. A la entrada se apostaba un señor de chaqueta verde, grueso, no demasiado alto, bajo incluso, pensativo, algo tétrico, con pinta de haberlo visto casi todo en su lugar de trabajo: la puerta de acceso. Le expliqué que me disponía a firmar en la parada que había justo enfrente y que me vendría muy bien pasar por el baño primero: «¿Puedo?». No sé cómo me miró, quizá de ninguna manera en........